Antros

Barcelona vivió de espaldas al mar y de su propia historia. Los antros de la parte alta para la gente baja, como lo fué "La Enagua" y el "Clorofila", lugares en los que era imposible no pensar aquello de "si me viera mi madre...",no por lo que se hacía, sino por lo que había. Las visitas al lavabo eran distintas, los yonkis eran distintos, las luces diferentes y el amor en un bar lo más grande del mundo.

Opinión | 28 de marzo de 2013
Cordelia Colby

Te creían,te fiaban e incluso te querían.Ramblas abajo, gótico adentro. La vieja "Cabaña del Tío Gori",hoy convertida en el espantoso Gori´s Pub.Cantautores argentinos con la guitarra, su Alfonsina y el Mar, las canciones protesta. El Thales, que todavía existe pero es anodino,La Oveja Negra,El Antiquary, los cuartos oscuros donde nos besamos apasionadamente,El London,Les Enfntas Terribles, El Marsella y su absenta.Por allí desfilaba La Señorita Fina, una ex prostituta que vendía pañuelos y a la que sacó Berlanga en "Los pianos mecánicos", lánguida, hermosay vieja.La pobre loca María, siempre borracha,objeto de Ventura Pons en "Ocaña, retrat intermitent", y el mismísimo Pepe apostado en una de las viejas mesas de madera del Bar del Pí. Los chorizos al diablo de "El Aguelo", tasca tras tasca,todos los vinos, un porro baboseado en boca de casi todos.El viejo Pastisse, con música de la Piaf,jerseys anchos en busca del camino negro, la terraza del Zurich y las papellas de una Barceloneta que ya no existe.Cualquier director de cine corría en busca de uno por cuatro palabras cortas, su imagen atemporal existencialista,fueras o no pintor, escultor, fotógrafo o poeta.Se vendían fanzines y se recitó el verso.Ese baile agarrado en La Paloma, la cola inacabada del chocolate con churros ya entrada su madrugada, y aquella vuelta a casa, derrotado, con la prensa del día aún caliente bajo el brazo.Descansen en paz, todos.
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