La entrañable (y 2)

Por aclamación popular, tengo que escribir otro artículo sobre Corinna. Son los inconvenientes de renunciar al pseudónimo. En fin, que allá voy. Corinna se hizo la misma rinoplastia que Paloma San Basilio y gasta el mismo tinte amarillo Piolín que Raffaela Carrá. Toda ella es tan 1986 que basta verla para que suene Spandau Ballet: - True, my love is true.

Opinión | 05 de marzo de 2013
Pablo Blas

Berlusconi se va con jóvenes de verdad, con bellezas de verdad. Reconoce la naturaleza del negocio y no se engaña con delirios de seductor senil, de galán de merendero que cuenta chistes de Arguiñano. No me extraña que millones de italianos le voten. Por lo menos es inteligente. Nosotros no tenemos tanto nivel ni tanta suerte. Solo tenemos a Corinna y a los chistes de Arguiñano, que vienen a ser lo mismo.

Corinna va a fiestas de anuncio de Ferrero Rocher pero ella misma parece sacada de un anuncio de Mirinda, de Rexona no te abandona. De busco a Jacqs y de cuate, aqui hay tomate. Entre su ínfima realidad y sus pretensiones, sus aires y su tonteria hay un contraste tan chocante que resulta casi enternecedor. Al final va a ser verdad que es entrañable.

El chantaje, como otros, saldrá bastante bien. Estamos en crisis Corinna, no te lo pulas en casinos. Y no vayas al de Torrelodones que luego la gente habla mucho.

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