Calumnia

(Del lat. calumnîa).1. f. Acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño.
Y sin embargo, está a la orden del día. ¿Que una calumnia no puede destruir a una persona y su reputación? Je... Lo peor de ser víctima de una calumnia es que se forma una bola tremenda, cada vez más grande, de la que ya nunca se podrá desprender por más que intente luchar contra tanta desacreditación, a no ser que se vaya a vivir a otro sitio donde no existan ninguno de esos verdugos. ¿Pero qué pasa si la víctima no puede por los temas que sean, o no quiere irse de su sitio?

Opinión | 07 de diciembre de 2012
Bárbara Pérez Contreras

 
Y todo lo que comentan sobre una persona es falso, con tintes ponzoñozos y muy crueles, pero empieza a ser legión. Esa persona se ve acorralada de repente y, pasando los años, frente a un batallón que crece sin parar, aunque ni siquiera le conozcan ni la cuarta parte de todos ellos, se tiene que enfrentar a la humillación de que la señalan con el dedo y rumorean sobre ella. No la saludan, la miran con asco... "esa es, me dijeron que hizo esto... a fulano le hizo aquello, con razón no se le habla". Y la víctima del bulo ya sabe que hablan de ella, pero tiene que hacer como si no pasara nada. Sobre todo porque no tiene defensa, si lo intenta será de una manera torpe ya que no puede luchar contra tanta mentira, además de que no la creerán ni oirán su versión, y de oírla dudarán de ella o la tomarán por loca. Y por ello tiene que cargar sobre sus hombros la etiqueta de ser una víbora, mala persona, mezquina, problemática y con tintes psicópatas. Y resulta que no es nada de ello.

Y yo conozco un caso así.
 
Una mujer en un trabajo se veía agradable con la gente, simpática, sociable, todo el mundo opinaba que era un encanto. Pero llegó otra mujer que también lo era. Y no sólo eso, parece ser que caía más en gracia que la primera. Y se hicieron amigas. La segunda con buenas intenciones de querer tener como amiga a una persona que le caía bien, la primera con intenciones de conocerla para saber sus puntos débiles y poder destruirla a causa de los celos y envidia que sentía al tener la segunda más don de gentes. Se sentía pisoteada, creía que le estaba robando sus amistades y no podía consentirlo.

Una vez la primera la conoce un poco más y la segunda se deja llevar y confía en ella, empieza a poner en práctica el plan. Sabe nadar y guardar la ropa, pues empieza la operación calumnia sin que la segunda se dé cuenta de quién está hablando de ella porque empiezan a llegar ciertos rumores. De hecho busca consuelo en la primera mientras ésta disimula y la apoya cínica e hipócritamente.

Esto hace que la segunda empiece a enfadarse con unos cuantos que se atreven a acusarla de cosas que ni se le han pasado por la mente o que no van con su carácter. Como ser una mujer fácil que se acuesta con cualquiera, que es una trepa, que es indiscreta y no se puede confiar en ella, que sólo le gusta estar rodeada de la gente importante del trabajo mientras que a los menos importantes los trataba mal... Con la boca abierta intenta desmentir todo ello, pero al primero que se atreve a acusarla se le añade otro. "Sí, yo también creo que lo eres". Y si dos lo creen, va a misa. El cabreo va en aumento y empieza a sacar el carácter por el orgullo herido. Pero no vale para nada porque todos verán a una tía que al parecer es de lo peor, ofuscada y gritando. Eso lleva a demostrar que lo que dicen es cierto y está como un cencerro, además de ser muy mala.

Al final, hay diez personas que la señalan, acusan, le faltan al respeto. Y a la envidiosa creadora de la calumnia, habiéndose salido con la suya, ya no le importa destaparse. Eso sí, sólo ante ella. Ante los demás es inocente de toda mentira creada.

Al cabo de los años, estas diez personas se han multiplicado y ya son treinta. Pero no todos los de ese grupo parece que piensen igual. De hecho hay un chico estupendo, muy popular entre el grupo, que no hace caso a esas calumnias y apoya a la víctima durante muchos años. A la víctima, en cierto modo le da igual ya la calumnia recibida hace años. Eso sí, en cierto modo, porque la difamación y calumnia venenosa, siempre deja huella y señalada a esa persona. Y tarde o temprano, viene a cobrar la factura.

Ese chico la conquista y ella se deja llevar. Se enamora, él la quiere con locura. Y cuando más feliz está, él la trata mal. Le saca defectos, se mofa de ella, la descalifica. Se busca a otra y la pone por encima de ella, la convierte en su amante y la utiliza para sus desahogos sexuales mientras que cada vez se aleja más y más de ella, la humilla, la abandona, ya ni importa la amistad. El chico empieza a reavivar el rumor de hace años y se suma al carro de la calumnia mientras se la sigue tirando en el más absoluto silencio, pues ya le ha dicho que no quiere que nadie sepa que han estado juntos, qué vergüenza!! ¿Que alguien le vea con eso, que todos creen saber que es de lo peor? Ni muerto!! Eso sí, cuando tenga más ganas de polvo ya la llamará sin que nadie se entere.

La víctima está depresiva, no se desprende de las faltas de respeto, las habladurías, se siente hundida, humillada, perdida... El chico empieza a echarle cosas en cara sobre aquellas calumnias. "Si decían eso de ti es porque era verdad", cuando tantos años se llevó apoyándola y no creyendo nada. También le echa en cara lo triste que se ha vuelto. "¿Cómo voy a estar contenta con todo lo que me hacéis y en especial tú? No me lo esperaba de ti, no levanto cabeza, por favor, ayúdame, no me hagas esto". Pero ahora le conviene ir en su contra para así quitársela de encima y, lo que es mejor, culparla a ella, porque es un blanco fácil. Le da igual que ella tenga la razón, simplemente le dice que no la soporta con su victimismo y acaba aborreciéndola. Es buena cabeza de turco, hagamos leña del árbol caído, no tiene defensas. Si el chico popular lo dice, eso también va a misa y con ello comulgan los otros treinta que le dirán "ya te lo dijimos". Todo esto se lo cuenta a su nueva novia, que también procede del mismo círculo y, dado que es su rival, se alía con esos treinta y con lo que dice su novio el popular y carga contra ella con más fuerza aún. Y la gran bola de mentiras venenosas reflota y ahogan a la víctima apoyándose en la teoría de "cuando treinta piensan y dicen lo mismo de una persona, es que la culpable y mala es esa persona".

Pero nadie se pregunta qué siente esa persona, o cuál es su versión. Ni siquiera los que saben la verdad, como la primera calumniadora o su ex novio el chico popular que fue su mejor amigo. El cual no tragaba a la primera calumniadora, pero ahora se han unido en la causa de ir en contra de esta persona tan aberrante. Aberrante porque no les conviene ya su amistad y compañía por tener intereses egoístas, y por ello se creen con derecho a destruirla. Porque sus razones, inventadas desde la más pura maldad, sin ser la verdad, han dado tantas veces la vuelta a la tortilla que la víctima acusada injustamente de ser la culpable, realmente se convierte en culpable. Y la verdad de los verdugos es la única. Y la víctima mientras tanto, ha ido demostrando con sus intentos torpes de defenderse que de cara a todos ellos, es la culpable. Aunque sea la inocente. Dando palos de ciego donde ha ido cagándola, desacreditándose más aún y para su desgracia, les ha dado la razón, que no la tienen, a ellos. Y con los ánimos por los suelos, ve ante sus ojos la humillación de que el chico que quería y en el que confiaba, le ha dado la espalda y se ha unido a ellos, con la de cosas íntimas y personales que él conoce de ella, se rompe la cabeza pensando si las contará. Si se las contará a su nueva novia y ésta que se ha convertido en una gran enemiga aumentará todo porque ahora calumniarla es su deporte favorito. Y realmente creen tener la razón sin pensar por un momento en lo que él ha hecho.

 Todos ellos han colaborado en destruir social y psicológicamente a esta persona. Pues ya no son treinta, ya es el número infinito porque le han colgado el cartel de "cuidado con el perro", y todos los que se enteren de ese cartel van a huir de ella. Sin conocerla, sin saber qué piensa, qué siente, qué quiere o qué busca.

Sí, la calumnia destruye. Se convierte en maltrato psicológico social y colectivo. Antes de tratar así a una persona o ser partícipes en algo así, conozcamos de quién se habla y no creamos nada hasta que no lo veamos con nuestros propios ojos. La persona de la que se habla tiene sentimientos, tiene derecho a ser escuchada. Ella es de la que se dice ser mala persona y los otros treinta aún no se han mirado al espejo.

Esta chica no volvió a ser la misma. Siempre tendrá ese cartel y ya no se sabe qué es verdad y qué no.


El ser humano es malo.
 
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