Belén Esteban, el precio de la fama

Juntos,revueltos y alborotadísimos. Ya no se salva ni el apuntador. Revienta ese patio de luces, se sacan los ojos unos a otros, mañana se abrazarán, pasado qué sabe nadie. La princesa está triste y dice que se va.

Opinión | 08 de septiembre de 2012
Consuelo G. del Cid Guerra

De hecho -y por derecho- ya se ha ausentado. Arriba la Esteban: de aquella frase no queda ya ni el eco. La fama sube y te estrella con idénticas formas.  Inculta, grosera, vulgar, y por eso gustaba. Se ha caído en la cresta de su propia ola, porque nadie se la hace. Escupida, abandonada, rota, en tratamiento y producto de su propio objeto de deseo.

Descompuesta, retocada, vilipendiada, enferma. Y es que era de esperar, porque la muchacha no daba para más. Sustos, disgustos, mentiras, juegos malabares de culto mediático ,que nunca es suficiente. Eficiente como pocas y maestra popular de este gran circo. Se hablaba de ella, pero no con ella. Lo que tiene en la cabeza lo tiene en la boca, y mientras su vida se expuso sin el menor reparo, crecía la impaciencia : Más. Más madera. Venga, más. Lo has bordado, Belén. Les has dado la cancha, te has salido de madre, has ganado y perdido sin saber apostar.  Ahora cómete el pollo, coño.


Se hablaba de ella y no de otras cosas, que es lo que conviene. Al pueblo llano-llano se le engaña fácilmente, he aquí el producto, la frágil marioneta, la rebelde de barrio que en su fiesta de Blas salió como todo el mundo, con sus copas de más. Se ha forrado. Le ha salido redondo sin conocer siquiera el camino al fracaso.

Qué extraño pavor produce esa fisonomía maltratada por el paso del tiempo, tan corto como ella, tan chulo como el  bisturí canalla sobre unos labios finos que ahora hacen pucheros sobre la silicona. Aquella ex de torero que jamás será pija, ni quiere, ni sabe, ni pretende algo más que chándal, chanclas y pinza. Esa que se le ha ido entre penas y glorias, contratos y denuncias. Pajarito de alas rotas.

Salió expulsada de la enorme mansión de un cateto, analfabeto, machista, creído, impresentable. Se quedó con el nombre -tal vez- sin buscar siquiera diccionario que aclarase el engendro : Ambiciones. Y ha llegado muy lejos. Ni que fuera ella Bin-Laden.

 


 

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