Paja

Paja

Los enemigos de las artes, incapaces de realizar el mínimo acto de fe ante el ser humano. Víctimas de su propia ignorancia y confusión. Habitantes del tedio. Altivos hasta la médula sobre un pedestal tan suma.Mente desequilibrado como sus almas. Mater amabilis. Mater Admirabilis. Ajenos a sus propias cercanías arañan las frágiles cuerdas de la memoria. Yo soy, tú eres, él es. Desestiman la pléyade y sus cruces, persignándose en vano bajo el limbo profano de una estúpida enjundia a fuer de desventura.

Opinión | 29 de agosto de 2012
Consuelo G. del Cid Guerra

El miedo a vomitar sobre su propio vómito. La usura es una arruga poco bella. Palabra de honor que no albergo más que las palabras. Ellas me han perseguido con la fuerza salvaje de esa piel que aún grita su propio tatuaje en un desierto fértil que conmueve los cactus, que pincha lenta.Mente el aguión canalla sobre lomos sin músculo. La Masa. Esa turba inconstante que hoy te sube al Olimpo y mañana te arroja con un tiro en la espalda mientras rugen los cuervos. Y es por tí, pero no para tí.

No existe mayor delito que ser alguien. Sueno el residuo orgánico que destila este cuerpo cansado y relativo. No tengo más que eso mientras se acaba el tiempo. Se secaron las flores. Cuando me ponen a parir veo el rostro de mis hijos y la pena aminora. Es como un perro infiel que no abandona del todo a sus cachorros. Es la raza celeste que no conoce enfermos. La razón del soldado. Una guerra sin agua ni enemigo. Desde el bando contrario se detiene la luz.

Queroseno, petróleo, gasolina. Todo liquido arde sobre esta capa sólida, draculina, espasmódica, real.Menta animal, y no tengo más sangre que la que aquí vierto, sobre un teclado negro, casi anónimo, que pulsa cada letra con la fuerza de la vieja taquigrafía muerta.

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