Sin Franco nada es igual

Sin Franco nada es igual

Regresamos anoche al blanco y negro con una rapidez chocante. Más que chocante, de efecto schok. Franco, el dictador asesino, tratado como personaje mediático en pos de su nieto Francis, que cargó y cabalgó sobre la historia oficial mezclada con couché -avec moi-.

Opinión | 22 de agosto de 2012
Consuelo G. del Cid Guerra

Era el abuelo de Heidi. Aquel abuelito-dime-tú que idolatraba nietos mientras cogía la pluma cuando le parecía para firmar sentencias de muerte. Era un personaje rosa pálido, como los caramelos blandos que masticamos de niños tras el bistec vuelta y vuelta con el chorrillo justo de sangre a la plancha.
Sin Franco nada es igual. Récord de audencia, cómo no. La existencia del dictador se resume en los collares de Carmen primera, la evasión de joyas de Carmen segunda y la vida casquivana de Carmen tercera. Carmen, Carmen, Carmen...ellas dirigieron la doma femenina disimulando su lado jinetero rancio. Ellas ocuparon el Pardo mientras todos nosotros, los pardillos, acatamos sus normas.

Todo es mentira. Aquel pobre militar bajito que nunca rompió un plato, austero por excelencia, se alimentó de tortilla francesa y gazpacho al más puro estilo monacal. El franquismo no existió y Franco no era un dictador. Así lo afirma su nieto, acogiéndose a socorridas citas de Pío Moa. Toma del frasco que te paso la dinamita líquida bajo la puerta por si algo nos estalla en los ojos. Irritados, mucho Pocho es. La ristra de niietos que apuntilló su yerno el medicucho, imitador muy nuestro del Dr Barnard a lo alcohólico juerguista que casi nos la mete Las fotos que hizo y vendió cuando el nunca -jamás- más-  suegro muy suyo ,el dictador, agonizaba rodeado de tubos como cualquier anciano enfermo, pero que muy enfermo.

Españoles, Franco no ha muerto. Su beatificación es inmediata. Le salvó la campaña de tele5 una noche de martes.

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