En el buen sentido de la palabra buenos

?Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada?Edmund Burke.

Opinión | 16 de marzo de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Algunos necesitan cualquier tipo de religión para sostener la vida. Creen en algo o en alguien antes de creer fundamentalmente en el hombre. Confunden lo divino y lo humano con cierta facilidad. Nada está escrito y todo está por vivir. El miedo a vivir es un miedo no reconocido. No es el mundo, es el hombre. El hombre y su lugar en la tierra. Depende de uno mismo la forma de existir. Por exigente que resulte estar y ser , siempre permanece la esencia. El pecado no es únicamente un hecho radical que define a la perfección el bien y el mal. En el hombre, la perfección no existe. Exteriormente puede parecer posible, pero jamás por dentro. Nada ni nadie lo puede definir. Nuestro interior es sagrado, y como el alma, invisible. Sostenerse socialmente es lo más simple.

Pero hacerlo desde el interior supone la apuesta más dura y arriesgada. Quién es dios y qué es el hombre? Dónde se encuentra, si existe, la frontera entre el bien y el mal? Cuándo se empieza a ser malvado? Cuánto cuesta ser bueno?

Practicar la bondad nos convierte en verdaderos imbéciles. No por el hecho de hacerlo simplemente, por la razón de ser. Nos convierte en individuos sospechosos, objetos de mofa y befa, incluso en supuestos delincuentes. Tan complicado resulta entender que existen, todavía, personas buenas? No es lo mismo ser una buena persona que una persona buena. Pasa a ser calificado como del ?suficiente, aprobado por los pelos? o el ?sobresaliente?. Una persona buena es sobresaliente. Adquiere protagonismo antes o después , por sus actos, su generosidad, solidaridad y forma de ser. Nadie nace bueno ni malo. Se hace. Depende de su forma de interpretar la vida, de su capacidad de amar, de su línea de conducta. La conducta del bien es sospechosa.

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