Sentencia del de-sastre

Camino de este de-sastre tolerado, pobres, atados de pies y manos, boquiabiertos. Asistimos a una guillotina moral y una sentencia legal que nos trastorna. Puede que sea esa la idea: Enajenar. Sentirnos lejos de todo lo que sucede ante nuestras propias narices. Puede que cuenten incluso con tanta exclamación, con el estupor de un pueblo que no acata, ya no respeta ni cree. ¿Por qué nos han abandonado?.

Opinión | 11 de febrero de 2012
Consuelo G. del Cid Guerra

Nosotros mismos no somos nadie. Nada en el horizonte. Una lucha diaria por la más elemental subsistencia nos remite a lo básico : Pan y cebolla. Que no nos falte el pan que puede llegar a escasear mañana. El futuro no es cierto. Mienten. Mandan. Ahogan. Están matando a la gente, y su índice suicida poco importa.

Si no pienso, no existo. Si no existo, no pienso. Si la fuerza se va en busca de lo propio, lo necesario, digno, fundamental, derecho, no nos quedará más que el desaliento. Basta ya, nunca más -decíamos ayer- . Y hoy no queda nada. Desasistidos, prójimos, próximos al relevo de esa tardía juventud que no aprendió a rebelarse. No sabe. No complica lo sabio con la desobediencia.

Se indigna como puede ante este gran teatro, la marioneta- cadáver de una madre que no parió a la Patria. Busca entre los poetas a su razón de ser, no sabe de canciones relevantes y he aquí su protesta. Somos pocos.
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