Pensar bien para vivir bien

En estos primeros días del año nuevo, mi mente me invita a pensar bien para vivir bien. Quizás el motivo de este deseo sea una sensación bastante extendida, en el contexto de crisis actual, de que no vale la pena pensar, que pensar suele complicar la vida, que la historia demuestra que los que piensan suelen acabar mal, que somos sólo programas y máscaras sociales que alguien ha creado y que nuestra única misión es ejecutarlos mecánicamente: hacer por hacer, tener por tener, hablar por hablar, como si vivir fuera añadir años a la vida y no calidad de vida a nuestros años.

Opinión | 14 de enero de 2012
Juan Antonio Saavedra Quesada

En los distintos contextos sociales donde estamos, vemos cambios de gobiernos, de cursos, de empresas, de personas y relaciones, pero en las letras y palabras que intercambiamos con frecuencia oímos como una música de fondo repetitiva que preferimos silenciar o ignorar: la falta de confianza en nosotros mismos, ante tanta incertidumbre y hechos antihumanos, hace cada vez más difícil confiar en las personas que tratamos y más fácil limitarnos a mantener apariencias o falsas alegrías para que no se vea el vacío y la falta de sentido que mueve nuestra vida.

Sabemos que, en un momento histórico de tanta información al alcance de todos, es posible vivir muchos años sin tener una idea propia. Podemos estudiar y tener varias carreras sólo memorizando y repitiendo ideas que escuchamos o leemos. Lo más grave no es si las ideas son propias o ajenas, sino que se nos vaya la vida con ideas que no nos dejan vivir como seres humanos.
En la novela de Augusto Cury, el vendedor de sueños le dice a un profesor universitario que se iba a suicidar: "si quieres matarte, no pienses". Y este puede ser el motivo de la invitación que me hace hoy mi mente al invitarme a escribir: "si quieres vivir bien, piensa bien".

Los años pasan y nuestra calidad de vida depende sobre todo de las ideas que pensamos, que influyen en la emociones que sentimos y en las palabras que decimos o en las acciones que hacemos. Aunque todas las ideas son importantes, sabemos que las más determinantes son las ideas sobre nosotros mismos. Afirmaciones como soy altruista o soy inteligente pueden ser tan peligrosas como decir soy egoísta o soy torpe, porque todas las identidades que nos da la mente dependiente están al servicio de aprendizajes aprendidos en el pasado y no de lograr nuestras metas en el presente para vivir cada día mejor como seres humanos.

Pensar bien es dejar de repetir lo mismo para que otros nos aprueben, atreviéndonos a cuestionar lo que hemos aprendido y a observar lo que sucede en cada momento. Pensar bien es analizar los datos de cualquier situación y decidir la acción o respuesta más adecuada para satisfacer nuestras necesidades y lograr nuestras metas, a nivel individual y colectivo. Pensar bien es tener y controlar nuestra mente para que cumpla su única función, que es ayudarnos a vivir bien.
 
Juan Antonio Saavedra
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