?Tiene que llover a cántaros? (Pablo Guerrero)

La letra de la canción de Pablo Guerrero reclamaba un cambio, en un momento determinado, dentro de nuestra sociedad.Hoy también seguimos, aunque de otro modo, pero no tan de otro, enfermos. Suenan las armas, empuñadas por ejércitos ejercitados en alineaciones de cerebros. Lloran los silbidos de las balas porque las empujan manos que no han pasado todavía ni siquiera la reválida de la adolescencia.

Opinión | 11 de marzo de 2009
Gloria Mateo

Dieciocho pistolas, sin embargo, ya habían cumplido con creces la mayoría de edad de la demencia. Reaccionamos con acritud ante cualquier revés de la vida. No soportamos nada, ni con nuestra pareja o familia, porque nada nos soportamos a nosotros mismos. Descargamos el exceso de adrenalina a golpes. Las propias relaciones sociales están, en muchos ámbitos, llenas de irascibilidad y sin control. Sin control, por lo tanto, están nuestros impulsos. La calle se llena cada día de más de rostros inexpresivos, miradas perdidas y bolsillos vacíos de esperanza. Adormecemos nuestros fracasos con drogas. Se busca, en ocasiones, el dinero que no tenemos, de una manera fácil, desde los bajos fondos de nuestras miserias humanas. El paro nos para hasta la imaginación. Las deudas nos hacen deudores de salud. Las empresas son presas del pánico y los presos aumentan en las cárceles, aunque previamente, las hayan sentido en sus propias almas por diferentes motivos.

Por eso, en este mundo seco como el desierto de los Monegros, como cualquier otro desierto o superficie que se está agrietando con enormes fallas, hace falta la lluvia. ?Tiene que llover a cántaros? confianza, respeto, ilusiones, motivación, deseos de futuro, equilibrio, valores éticos y tantas y tantas gotas, entre otras, de paz, serenidad y cordura? Tienen que empaparse de esa lluvia nuestras entrañas, las de todos, para hacer renacer de nuevo la vida y devolvernos una sonrisa, la que ahora aún contemplamos, afortunadamente, en el rostro de los niños. Aunque?tampoco en el de todos.

Dejadme que sueñe con la lluvia por un momento: quiero volver a sonreír.

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