Peñagrande, el hueco de la memoria

Toda la información pública que se encuentra en la red, es -en consecuencia- notoria.Google se ha convertido en un pequeño dios que -no todo- lo sabe. Nuestra historia, como ha sucedido últimamente con  el diccionario de la RAE, puede ser contada desde distintos puntos de vista, dependiendo de las tendencias personales de su autor. Por tanto, se cambia, altera y manipula ante grandes acontecimientos evidentes, los que deben ser contados a la fuerza, por exceso o defecto, puesto que nadie podrá negarlos en su esencia, aunque el contenido sea deformado por el espíritu individual del sujeto narrador. Guerras, desastres naturales, fallecimientos y natalicios célebres, ceremonias, condecoraciones... todos los hechos tienen nombre y apellidos excepto el silencio.

Opinión | 03 de julio de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Ese gigante ausente y casi indigno que no consigue entrar en lugar alguno, puesto que -atado de pies y manos- es como si jamás hubiera existido. Bajo ese silencio se mantienen millones de muertos, asesinos de estado, situaciones violentas y humanamente vergonzantes. En la mayoría de ocasiones, no se contempla. No interesa porque no se sabe, y no se sabe porque nadie con la suficiente relevancia mediática decide tirar del hilo. Con ello, la ignorancia es negación, y se convierte en crimen. Las fosas comunes no sólo contienen humanos anónimos o héroes inútiles. Por ese silencio se crea una razón de ser, como las sirenas de Kafka, en una huída hacia delante que convertirá lo sucedido en cuento y a sus víctimas en locos : Mentiras, fabulación e imaginaciones nuestras, que no suyas. Porque sólo unos pocos, sabedores de la parte oscura que continúa oculta, insistimos en revelar su lado inconveniente, ese que estorba en el peor momento o en cualquiera, puesto que jamás se le concedió espacio, por tanto, no sucedió. Mientras no se haga público, aquí no ha pasado nada.
Mientras alguien no levante la liebre y a esa carrera se adhiera una cantidad considerable de afectados, seguiremos de brazos cruzados ante los agujeros negros más dramáticos que tuvieron lugar durante la dictadura franquista, incluso en épocas insultantemente posteriores, cuando España era ya una supuesta democracia. Escribo supuesta porque las altas esferas estaban muy ocupadas en otros asuntos y preparaban a gran velocidad  el escaparate social de un cambio fulminante : La famosa "apertura" y la no menos célebre "transición".
1983. El polémico grupo punk Las Vulpes, estrena su tema "Me gusta ser una zorra". Ese mismo año, se cierra el reformatorio de San Fernando debido a la muerte de una interna. Una de las muertes en extrañas circunstancias de la que algo se supo. También se clausura Peñagrande, correccional para madres solteras menores,que son trasladadas a Arturo Soria. En esas idas, venidas y traslados, informes, maltrato psicológico, explotación laboral y tráfico de bebés, miles de mujeres -casi niñas- padecieron la privación de libertad más cruenta y devastadora: Presas sin delito. Castigadas en manos del Estado y de su grandísimo Dios en la tierra. Oficialmente marginadas, vejadas y sin derechos. Por el hueco de esta escalera se lanzaban al vacío : Algunas, preferían morir antes que permanecer allí un sólo día más. Aquellos suicidios se ocultaban, como casi todo lo sucedido bajo el amparo del Patronato de Protección a la Mujer, sus centros de re.educación, métodos y disciplina. La muerte no se produjo nunca de forma natural: Los cadáveres estrellados contra el suelo de las menores que pusieron fin a su vida, han dejado una huella moral y el rastro del error. Ese hueco es uno de los agujeros negros que nuestra historia debe contar. Para que no se repita, y para que los nombres de todas ellas, cualquier día del año hagan acto de presencia. Por su memoria.
 
" ...El último que reirá no es quien pensais.
Llorad: Ese es el retraso que os deseo".
Jacques Rigaut.
 
Todos los espejos llevan mi nombre.
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