Nombrar la Vida

Nombrar la vida. Maldita sea cuando el cuento se acabóSufrir un verso y comprender por qué se frunce en un lugar tu mano grandePor qué deshace la ventura ese compás aventajado, si una vezEn mi cintura se clavó todo el tormento de saber tus dedos blancos

Opinión | 09 de marzo de 2009
Consuelo García del Cid Guerra

Si fue sagrado acontecer ante el diluvio, las tormentas y un granizo peculiar

Ronco y vagando sobre todo calendario cuando nadie y los demás

Nos insultaron. Qué gran manera de reír a lo profano, de pasar tanto de largo

Porque siempre estaríamos los dos en algún palio, reventados de coser

Y remendados sobre todo lo que entonces un puñal clavó en las cosas.

Te he visto ser enormemente flor. Clavel gitano y zapateo superior

Vino de patio con bandera de verbena sin festivo pero fiesta

Engañando al mismo dios. Cuándo pasó. Me dije un día, no es verdad,

No habrá más sol ni los venenos más crueles a por mí

Saldré a la calle a que el afilador me afile a mí

Danza del vientre aquí menea aquel sermón. Pobre la orilla

Pobre el resto de los días, lamentados, escogidos, arrasados al temor.

Nombrar la vida es nombrarte como yo. Ahora existe otra moneda y pagas tú

Algunos años en los que te extrañaría suponer que no has estado

Por si lo ves no me reproches que he callado, sabes que tú sudado al tango

Rostro a rostro escalaba el mismo beso. Murió el sereno, todas tus puertas

Se han cerrado en el lugar. Este país donde nació nuestra razón, nuestros espejos

Nuestros centros de ciudad. Han resultado las violetas inmortales

Tu nombre escucha ese silencio entre los peces sin color. El río avanza

Clandestino hacia la calle donde todavía existe una tienda de mascotas

Que te miran por si vuelves algún día con tu mejor traje gris

Dos gatos guardan entre las uñas serpentinas. Tu lugar se ha reclinado

Todos duermen esperando que el rocío sea sólido y la lluvia aparque aquí.

Mientras yo esté, ese tugurio, esa candela del invierno evocará

Todos los truenos desatados del valor y los terrenos adobados por los dos

Puede que sí. A lo mejor en otro tiempo te veré. Y me dirás de la colonia aire de más

Música, ruído en el salón donde jamás, jamás, jamás

Mueren las uvas ni se seca el huracán porque a lo lejos

Y de cerca, no te vas.

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