Se acabó el recreo

Tal vez se diga que el recreo ha terminado. Que de esta ruína se construya la otra gloria. Desde la orilla, en esta acera, algo ha quedado de nosotros, como los pájaros buscando primavera.Llueve debajo. De dentro afuera este tinglado se acostumbra.La madre tierra es el asfalto del bastardo, y un delictivo natural que apuesta el mapa. Somos, despacio. El arañazo que tu mente ha dibujado. Lo que arrancamos a la luz desde este palco. Qué grandes plazas. Qué extraño campo.

Opinión | 08 de junio de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra


Todos los nombres apostados en un círculo de plástico. El agua escupe esos esputos reservados. Te creo a tí, quiero los restos del naufragio. Un corro justo de cautela, marioneta que se quiebra, sigue el hilo como rastro trangresor. Color violeta, mi España gris, mi España negra candelabro y velatorio. Junto al cadáver, lo que queda es un atril. El portavoz, tanto misterio, un grito largo, indios y encargo para mucho más allá.El cielo enjuto. Te juro que mañana todo habrá empezado. Te lo prometo por todos y tantos años. Daño que suena, misa macabra, himno de gracia, toro rebelde.

Sobran las arcas. Están postados a sus anchas como piedras. Inamovibles, fuego lento, catecúmenos violentos, santa compaña, beatos tensos, turba que atrapa lo que dejamos. Sueño que sueño. No hicimos caso de las nobles advertencias. Se calló el grillo, toca las palmas, busco al gitano que me derrita con el quejío del hilo payo.

Ajeno se ha desnudado el color del arco iris, no se escucha ni un soldado, no hay nadie atrás, preparado. Quiero saber si de verdad algo ha empezado.


 
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