El que esté libre de veganos, que tire la primera piedra

No voy a empezar esta historia facilitando el titular que condena ?como tales- a una pareja de descerebrados cuyo hijo ha muerto a los once meses por malnutrición. Verán ustedes: Aquellas madres que no alimentan a sus hijos, ya sea por un drama de desestructura, enajenación mental, abandono en general, adicciones varias o trastornos severísimos, esas madres ?y padres-, son los miembros y miembras de la marginalidad más dura, incapaces de asumir responsabilidad alguna, y semejante estado, es independiente a sus formas de alimentarse: Gustos, preferencias, gulas, ayunos, excesos o defectos.

Opinión | 02 de abril de 2011
Cordelia Colby

Lo digo, porque lo publicado en El Pais es lo siguiente: ?Una pareja de veganos, acusada de matar de malnutrición a su hija de once meses?. Bien (perdón, no, mal, pero que muy mal). Les detallo:

-El bebé era alimentado únicamente con leche materna.

-Padre y madre provienen de familias con enormes problemas, a saber:

Ella sufrió abusos por parte de padre.

El fue testigo del suicidio de su padre a la edad de quince años, que se ahorcó ante sus propias narices.

-Eran veganos. Tras contemplar un documental en el que se mostraban los sufrimientos animales en los mataderos, decidieron ?convertirse?.

Y esto último es ?al parecer- lo único que cuenta: Su condición de veganos. Por serlo, la pequeña ha muerto. Y no. Porque lo que son, es un par de desgraciados, víctimas de su propia historia, que podían haberse convertido al budismo o padecer sobredosis de pastillas Juanola, por poner un ejemplo. Pero la noticia condena a los veganos sin más, considerándolo como único motivo. Al analizar las personalidades de ambos, es evidente que se trata de personas desestructuradas, incapaces de asumir responsabilidades mínimas, y mucho menos criar a un hijo.

Tengo dos amigos veganos. Están sanísimos. No comen carne, ni huevos, ni leche. Pero comen verduras, arroz y cualquier tipo de legumbres. Saben cómo y con qué compensar la falta de vitaminas y proteínas, y lo hacen supliéndolas con otros alimentos. Están en su derecho. No hace mucho, uno de ellos estuvo durante algunas semanas en mi casa. Al principio pensé que sería un problema, puesto que no acertaba del todo a inventar las comidas, pero se encargó él, que ?por cierto- cocina de maravilla. Hacía un arroz con setas digno de los mejores restaurantes.

Es obvio que la intención de esta noticia es condenar a los veganos: Se les ve el plumero. Y yo no trago.

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