¿Qué nos induce a mentir?

¿Qué es la mentira?. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es ?la expresión o manifestación contraria de lo que se sabe, se cree o se piensa?. Ahora bien, al hablar de la mentira, es inevitable aludir a la definición de engañar, ?dar a la mentira apariencia de verdad?.

Opinión | 08 de marzo de 2009
Gloria Mateo

La diferencia fundamental entre la mentira y el engaño está precisamente en la intencionalidad. No todas las mentiras pueden ser intencionadas.

Hay, por lo tanto, dos tipos de mentiras: las que utilizamos por ocultar algo o aquellas en las falsificamos creando una historia. En las primeras, hay intencionalidad y son más difíciles de reconocer porque siempre podemos escudarnos en algo para justificarlas, bien aludiendo a que tenemos mala memoria o a que realmente no entendimos lo que se nos ha preguntado. Con las segundas, nos inventamos una historia para confundir o engañar. En este caso tenemos que saber ser buenos actores y nuestra mente se tiene que poner a el traje de faena y trabajar, porque si se nos ?pilla?, ya no tenemos escapatoria. Así pues, a la hora de mentir, casi siempre utilizaremos la de ocultación. Es más segura para nuestro YO. Nos deja más guarecidos ante los demás.

 

Si observamos, cuando mentimos, generalmente lo hacemos por temor a las consecuencias de que se sepa la verdad. Tenemos miedo, bien sea fundado o no. Tras ese temor y ese miedo, pueden esconder, por ejemplo: el no dañar a alguien, halagarlo, ocultar la vergüenza que sentimos al haber hecho algo, conseguir que no nos castiguen, alcanzar unos objetivos, etc. También podemos intentar salvaguardar la imagen que tienen de nosotros. Según Patrick White, ?Una mentira, no encierra una cabal malicia cuando se profiere en defensa del honor?. Si nos referimos al ámbito legal, el decir toda la verdad sobre los hechos nos puede llevar a ser penalizados más severamente. Esto es lo que se denomina ?el coste de la verdad?. En nuestras relaciones sociales y laborales, sin ir más lejos, no es conveniente decir siempre la verdad. ¿Quizá, acaso, tras aguantar un rollo de discurso, hemos dicho que nos ha parecido magnífico o, cuando menos, interesante? Así pues, son muchos los motivos que nos conducen a mentir.

En la sociedad hay mentiras más aceptadas que otras: rumor, del bulo, el cotilleo, por citar algunas. Por supuesto con sus connotaciones positivas o negativas.

Lo primero que se me ocurre pensar es, cómo, al recordar hechos pasados, mentimos sin ninguna intención, simplemente porque la memoria está condicionada por nuestra propia experiencia. Por lo tanto, no relatamos los hechos de una manera fiel a cómo ocurrieron. En la mayoría de las ocasiones ?nos montamos la película? a nuestra medida parapetados, quizá, en que los demás no han sido testigos de esos acontecimientos porque, en caso contrario, seguro que ellos tendrán una narración diferente del mismo hecho contemplado a la vez.

Por regla general, tendemos a mentir menos cuando escribimos que cuando nos comunicamos oralmente. No olvidemos que lo escrito queda reflejado. También mentimos más durante una conversación directa. No obstante, en este caso, casi siempre hay, si sabemos interpretarlas, señales de diferente índole que nos envían las reacciones emocionales del otro que evidencian si nuestro interlocutor está faltando o no a la verdad. Se ha puesto de moda últimamente uso del polígrafo, como instrumento que nos puede ayudar a comprobar la veracidad de las respuestas de una persona, registrando diversas actividades fisiológicas. Pero sin necesidad de él, también podemos captar si nos está mintiendo observando la sonrisa, la voz (más aguda o más grave, el tono elevado o no), el ritmo de su conversación (lento, con errores y con falta de consistencia), la mirada a los ojos o no), los gestos (que nos pueden manifestar lo contrario de lo que estamos escuchando), dificultades a la hora de articular palabras, la postura (la persona que miente se suele poner de forma ladeada al nosotros y no de frente, el cruzar los brazos o las piernas en actitud defensiva , utilizar las manos para taparse la boca, la cara o mesarse la parte posterior de la cabeza , etc, etc.

Si hablamos de los tipos de personalidad del mentiroso, no hay que perder de vista a aquellos que cuando están engañándonos se están creyendo sus propias mentiras y, qué decir de los psicópatas y de los mentirosos patológicos que no suelen tener sentimiento de vergüenza si se les descubre, precisamente porque son incapaces de expresar emociones en su relación con otras personas.

Seamos claros, el que es incapaz de mentir, incluso sobre aspectos no agradables de su propia vida y de las que le rodean, se está perjudicando y, de rebote, a los suyos. No nos hemos parado a pensar en que los que utilizan regularmente en sus expresiones ?Yo voy siempre con la verdad por delante?, ?Odio la mentira?, realmente están, en cierto modo, despreciando a los de alrededor. Quizá, la sinceridad total sea una forma de control sobre otros, de que tenemos un ansia de que se nos reconozca o se nos compadezca. Pensemos en ello?

Esto no quiere decir que a partir de ahora no vayamos a decir verdad alguna, simplemente he querido constatar que en nuestras relaciones con los que nos rodean, la mentira y el engaño están ahí y el pensar lo contrario, sería una utopía. Forman parte de la condición humana.

Por supuesto, a mí (no sé a vosotros), si una persona más o menos cercana, a la que he creído sincera conmigo hasta ahora, me miente descaradamente, me hará poner en cuarentena el tipo de relación que en adelante mantendré con ella. ?SOY SINCERA?. No me quiero engañar ni engañaros. ¿O sí??

 

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