El efecto Pigmalión

Hace ya muchos años de esto que os voy a contar. En una emisora de radio había un programa en el que un psiquiatra atendía las consultas que los oyentes hacían. Llamó una madre preocupada por su hijo de diez o doce años. La cantidad de defectos que tenía -según ella- hacían que la convivencia fuera mala y se encontraran con no saber qué hacer.

Opinión | 07 de marzo de 2009


El psiquiatra le preguntó por alguna virtud del niño. La madre, con esfuerzo, logró reconocerle dos o tres y el galeno dio su veredicto:

-A partir de ahora no se fijen en los defectos de su hijo, sino que deben potenciar las virtudes que acaba de decirme y los defectos se irán diluyendo hasta que nadie se acuerde de ellos, ni siquiera él-.

Fue algo que se me quedó grabado, aunque no siempre estamos en disposición de llevarlo a la práctica con todo el mundo que nos rodea.

El efecto Pigmalión sale de la psicología social.

El experimento Rosenthal, lo define. En una escuela se hace un test de inteligencia y sin corregirlo Rosenthal selecciona a un grupo de alumnos y decide decirle a los profesores que este grupo era superior al resto. Al final del curso, ese grupo de alumnos habían subido cuatro puntos su coeficiente intelectual con respecto a sus compañeros. A este efecto lo llaman el efecto Pigmalión o realización automática de las predicciones.

Para que se de este efecto tienen que darse, a su vez, tres hechos; creer con firmeza en algo; esperarlo y acompañarlo con mensajes destinados a la consecución del deseo.

Digamos que en la psicología social se empieza a trabajar este efecto para las relaciones entre padres e hijos; profesores y alumnos o todo tipo de uniones afectivas . La expectativa que creas sobre alguien es más o menos lo que sucederá.

Me recuerda esto a la reciente película ?El Secreto?, según la cual tendríamos todo aquello que nosotros hemos creado. Aquello que esperamos. Aquello en lo que fijamos nuestros pensamientos y emociones. Aquello que visualizamos.

Por diversos caminos estamos llegando a un cruce interesante: la responsabilidad sobre nuestra propia vida. Parece que nuestra mente es algo más que un mero instrumento para racionalizar los caminos conocidos. Pudiera ser ese particular Aladino de nuestros sueños. Se me ocurre como ejemplo de realización automática de predicciones, Julio Verne

Si esto fuera así ?y parece que todo apunta en esa dirección- ya no valdrían conceptos como la buena o mala suerte y la casualidad, sino el férreo control sobre nuestros pensamientos y lo que queremos hacer de nuestra existencia.

Hoy podemos sentir con todas nuestras fuerzas que la vida es un regalo para todos nosotros y para el mundo en general. Hoy podemos sentir que estamos agradecidos por haber sido elegidos para esta aventura maravillosa que es nuestra propia aventura de vivir.

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