La espía que te amó

La espía que te amó

El presidente de una gran empresa no se entera de lo que le ocurre al personal de estructura. El director de recursos humanos se desenvuelve en una extraña irrealidad pegado a su sillón y con los ojos como platos de respeto puestos ante el pantallazo.

Opinión | 29 de noviembre de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Los secretarios y secretarias, ahora llamados "assitants", hace mucho que no guardan secreto alguno, y -salvo excepciones- son la voz de su amo, un señor de mediana edad, estatura media, moreno en Enero y con educación discutible de contraportada. No es amo de nada, pero le gusta suponerlo, y muchísimo más imaginarse en un puesto para el que está dispuesto pero no preparado. Entre ellos se aman, difaman y torpedean. Siempre con una sonrisa peligrosa. Ignoran a los más altos que se encuentran abajo. Los verdaderos dueños del poder. El entresijo de la información, los auténticos propietarios del laberinto administrativo, la gestión oculta y el impagable gesto del espía. Me refiero a las recepcionistas y a las mujeres de la limpieza, tan poco tenidas en cuenta que nadie tiene la menor idea de hasta dónde manejan las cuentas, los hilos, apaños, remiendos y favores. Normal.Mente, no siquiera sabemos cómo se llaman porque jamás nos molestamos en preguntárselo. Como si no existieran. La mayoría no les dan los buenos días ni las buenas tardes, porque lo bueno, al parecer, no les corresponde.


-No se preocupe usted. A ese cabrón le pongo en su despacho triple dosis de cera y se va a dar una hostia de la que no se levanta en un mes. Voy a causar ahora mismo la baja laboral del año. Déjemelo a mí, señora. Es un cacique, un animal, no tiene corazón.

Y el mandamás se cayó de cuatro patas como si hubiera pisado una piel de plátano. Pero no se rompió nada.

-Tengo otro plan, señora. Acostumbra a tomarse un café a las nueve en punto. Mañana le meto medio frasco de "evacuol" y le pongo a cagar todo el santo día.

Se quedó blanco como la leche. El experto en mobbing estaba más despistado que un pulpo en un garaje. Debilitado por fuera y sin fuerzas para despedir a sus próximas víctimas. Es una forma sutil de mandar a la mierda sin palabras.

-Tranquila, le pillaremos. Llevo días recogiendo todo lo que tira en la papelera. No utiliza nunca el destructor de documentos. Tiene condones en uno de sus cajones y una teta de plástico.

-¿Una teta de plástico?

-Sí , señora. La toca por lo bajo. Pero la que más nos puede ayudar ahora es la recepcionista. A ella le entran todas las llamadas y los faxes. De momento que siga cagando, le quitamos la teta y los condones, hacemos que no le entre ni una sola llamada y se guardan todos los fax. Es decir, le incomunicamos. No aguantará mucho, créame.

-Eso es mobbing

-Huy, no, señora. Eso es un ajuste de cuentas. Cada uno tiene lo que se merece. Le dejaremos sólo, nunca entenderá nada y acabará largándose, porque no aguantará ni la tercera parte de la presión que ha ejercido él sobre todos los demás que ya no están.

-Es usted un fenómeno, Cándida

-No crea. Yo lo que de verdad soy, es una espía.


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