Déjanos en paz

Déjanos en paz

Yo no te creo, no te quiero y no te espero. Para mí no representas otra cosa que el peligro. Inminente. Un rechazo visceral que me sale del alma. Por ti han cortado hoy las calles y la policía anda pidiendo documentación a todo el que le place.

Opinión | 08 de noviembre de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Por tu culpa he tenido que atravesar un túnel a modo de catacumbas ancestrales para poder acceder al otro extremo de la avenida. La gente se amontonaba y resultaba ridículo. Por ti se han gastado una fortuna en un país lleno de necesidades humanas donde lo divino ?supuestamente- no pinta nada.

Tu visita no es -como has dicho- un acto de amor. Es un allanamiento de morada en toda regla. Tus paseíllos en ese excelso coche digno de egregias mudanzas internacionales para transportar joyas de la corona, tus disfraces y paces, escenario circense con fieras incluidas, tus rechazos y actos, tu sombra permanente que nos roba el terreno y corta nuestros pasos.

Afirmas que "es en España donde se juega la batalla decisiva entre fe y razón". La razón no es tuya, y el corazón tampoco. Déjanos ser. Déjanos en paz. Llama "laicismo agresivo" comparable al anticlericalismo de la Segunda República. Tú, que estuviste en la principal organización del partido Nazi para adoctrinar a jóvenes, pretendes extender razones de peso pesado contra la humanidad.

"Humo Blanco, pasado negro", escribió el Yediot Ahronot de Israel. "De la juventud Hitleriana al Vaticano", fue el titular de The Guardian.

2.500 personas se manifestaron el pasado día 4 en la Pl Sant Jaume para protestar contra tu impuesta visita. Ondeaba una bandera nazi recordando tu paso por el ejército alemán.

En una de ellas se podía leer: "¿Ateos? ¿Gays? ¡sí! Nazis ¡no!".

Aplícate el cuento y déjate de hostias. Déjanos en paz. Déjanos ser.

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