Ya

"Yo no sé muchas cosas, es verdad
Digo tan sólo lo que he visto".
León Felipe.

Opinión | 30 de septiembre de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

29 de Septiembre 2010. Huelga general. Barcelona.

No me he dedicado a contar cuántos establecimientos permanecen cerrados o abiertos. Tampoco he preguntado a mis amigos y conocidos si iban a secundar esta huelga. La mayoría están en paro o a punto de estarlo. Me he levantado esta mañana en busca de mi ciudad, la que sin querer y contra mi propia voluntad estoy abandonando. Recojo y empaqueto objetos personales, algunos pasionales, y mido el peso de los libros tanto como el peso de esta vida que contiene más de medio siglo. No quiero marchar definitiva.Mente sin recordar todos los pasos que di. Los lugares que pisé, los que han sido míos y los que han desaparecido. No quiero marchar sin derramar alguna que otra lágrima sobre mi propia memoria. Hoy me han preguntado muchas veces cómo me llamo, y he repetido ese nombre, "Consuelo", casi sin aliento. Dolorida, asustada, y en algún momento horrorizada.

Los antisistema han ocupado el viejo edificio vacío del Banco Español de Crédito. La visión -casi alucinógena- de sus pancartas, mensajes y consignas, me ha sabido a gloria.

A una gloria maldita para muchos y necesaria para otros. Los que piensan que se trata de un grupo reducido de porreros, promiscuos y violentos niñatos. Los que sabemos que están organizados y se juegan el tipo en cada una de sus acciones. Para ir contra el sistema hay que escalar montañas y edificios. Mucho más que la queja: Pura acción.

Ocupar un gran banco vacío es hacer acto de presencia contra la gran estafa legal que aceptamos con absoluta normalidad. Acción más que espectáculo. Creencia antes que paciencia. Basta de atracos oficiales. Basta de tomaduras de pelo.

En el día de hoy, la policía autonómica ha cortado el acceso de Rmbla. Cataluña a Pza. Cataluña. He esperado a que el cordón se deshiciera. No ha durado mucho. Frente al banco ocupado, varios furgones policiales atravesando su entrada. Miles de personas en actitud pacífica se concentraban por toda la plaza. Un grupo reducido se ha sentado en el suelo alzando las manos con las palmas abiertas en señal de no violencia. Los mossos d´esquadra han empezado a repartir hostias. Me encontraba pegada a la valla de las fuentes de agua. Cuatro mossos se abalanzaban sobre una persona que estaba a mi lado. Después me ha tocado a mí. He sentido el primer porrazo como una bomba en los oídos antes de que mis hombros se resintieran. El resto de los golpes, rápidos, profesionales y salvajes, me han hecho gritar lo mismo que estaban gritando los antisistema:

"NO SOIS FUNCIONARIOS, SOIS MERCENARIOS"
"ESTA ES VUESTRA DEMOCRACIA"

Intentaba correr, pero no podía. Se me doblaba el torso como si fuera de goma. Dos personas me han llevado prácticamente a rastras hacia una ambulancia del SEM. Durante ese corto trayecto, un mosso se ha colocado ante mí y he gritado como una loba. Gritaba por el pasado y por este increíble presente.

En el interior de la ambulancia, un chico que no tendría ni dieciocho años con la cabeza abierta, sangrando y llorando. Nunca olvidaré su nombre: Olaf.

 

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