Carmen Ordoñez

Carmen Ordoñez

Para Eva.
 Recordar carece de sentido y razones cuando jamás se olvida. El peso de la fama acostumbra a ocultar la verdadera esencia, lo íntimo del ser. Se queda en el estar bajo los focos itinerantes de un plató. Contar la vida que se quiere y los cuentos que uno puede está en boca de todos los que son, pero no de los que están. Ella es. Hoy han encontrado un ramo de nardos en la tumba de tu querido Adolfo. Hoy el cielo de Tánger protegerá tu nombre entre todos los hombres por lo humano de ti. De la mano de alguien que jamás te ha vendido, la única ?seguro- que reía contigo con la alegría sana de quien te sabe enorme, feliz y descansada. Una triste bañera se ha convertido en playa y las olas nos devuelven el peso de tu alma.

Opinión | 23 de julio de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Hoy han visto a Carmen pasear por el zoco. Encantada y divina como el hada más mágica que nadie haya inventado. Hoy tu única amiga verdadera y real cantará tu canción y ha de guardar la historia donde juegan los niños. Donde el que se equivoca sabe que la existencia no concluye sin más. Que no es demasiado pronto ni tampoco muy tarde. Ya no importa el detalle. La sombra de tu imagen tiene forma de espejo donde todos aquellos que abrazaste se vuelven, presentes y en pasado, confundiendo los tiempos en que fuimos eternos, por encima del año en que ?dicen- te fuiste. Ni un solo paso en falso. Lo auténtico es cristal donde saluda el terco, como insiste el payaso su lágrima pintada. Tu caftan danza sólo como un pájaro más. Se apartarán los ruidos por mucho que se empeñen en ensuciar tu arena. Ya no importa. Perdónalos, no saben lo que hacen. Sobre tus pies el poso y seis gotas de rocío. La fuerza del cariño va mucho más allá. Eva lo sabe, Carmen. Y tú lo sabes. Más.

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