Al siento por siento, hoyga. Al cent per cent, escolti

Al siento por siento, hoyga. Al cent per cent, escolti

A lo largo de las mañanas, prácticamente todas las cadenas compiten por la audiencia con unos programas tipo magazine que pretenden cumplir la misión de informar a los espectadores de la realidad al empezar el día, realizando una particular mezcolanza de informativos con debates, sazonados con algún espacio anecdótico y, casi siempre, alguna actuación artística, normalmente de tipo musical.
Resulta curioso observar que cada cadena intenta mantener a un presentador estrella con solvencia demostrada en mantener la atención del público de las mañanas. Están la Campos, la AnaRosa y, en la televisión catalana, el Cuní que, al igual que las anteriores, es un dinosaurio (en el buen sentido de la palabra) de la pantalla aunque, a diferencia de las anteriores, no tan impositivo; ligeramente (aunque sólo sea ligeramente) menos politizado.

Opinión | 17 de julio de 2010
Pere Borràs

A Cuní se le ha acusado, y yo el primero, de ser parcial. Eso no es precisamente un carácter distintivo en lo que a presentadores matinales respecta, no nos engañemos. Es, si acaso, y muy contrariamente, una de sus principales características. Y resulta que Cuní, siendo lo parcial que es, resulta serlo notablemente menos que sus colegas de horario en las demás cadenas (de idas de olla tipo Intereconomía es que ni hablo porque eso ya entra en el mundo de la fantasía surrealista).

Uno de los ingredientes que componen el programa "Els matins de TV3" consiste en lo siguiente: Al principio del programa, se toma una noticia de actualidad y se expone una pregunta de opinión alrededor de la noticia, que puede responderse con un SI o con un NO. Se abren las líneas de teléfono y la gente llama para votar. Suelen gozar de bastante participación. A lo largo del programa se ve la evolución en un marcador que de vez en cuando se muestra en la pantalla. Al final del programa, se cierran las líneas y se muestra el resultado final.

La de ayer fue la siguiente: Se presentaba al hilo de la falta de acuerdo entre los partidos catalanes al respecto del Estatut y la pregunta en concreto era si a los televidentes les habían vuelto a decepcionar los políticos catalanes.

Pocas veces se ha lanzado un resultado tan contundente al final del programa. Respondiendo que sí, es decir, los que estaban decepcionados con los políticos fueron nada más y nada menos que el 100% de los televidentes. Yo no había visto cosa igual en mi vida. El resumen de la colaboradora que analiza la respuesta ayer tenía poco que analizar, y así lo expresó. El dato era arrolladoramente claro. ¿Qué analizar? Está claro, ¿no? El 100% de los catalanes están decepcionados con sus políticos. No es de extrañar. Un montón de personas se moviliza en una manifestación masiva promovida por una plataforma independiente, no un partido político, y tras una participación abrumadora, los políticos empiezan a lanzar pilotes fora.

Yo creo que, más que por la falta de acuerdo al respecto del estatut, el motivo principal por el que los catalanes muestran tamaña decepción se centra en el hecho de que los políticos catalanes aún están por la labor de centrar su atención (y encima, mal) en el estatut. A pocos catalanes se les escapa que el estatut se ha convertido en una suerte de capote intrumentalizado para torearlos. Quedó claro el día de la manifestación. La consigna que primó ni siquiera consideraba una reivindicación del estatut. Se reivindicaba, vistos los constantes fracasos en esa línea, la independencia de Catalunya. La gente gritaba en pos de la independencia y es muy, pero que muy comprensible.

Porque, señores, ya nos han negociado, capado, matizado y tumbado tantas veces el Estatut que, seamos francos, ya no albergamos esperanza alguna en que semejante documento llegue, jamás, a representar los intereses de los catalanes. La "fase Estatut" ya ha pasado de largo. Entramos en la "fase Independència". A ésta, a diferencia de la "fase Estatut", más le conviene cuajar. Porque el día que la "fase Independència" (que ha visto la luz tras el fracaso de la pacíficamente propuesta "fase Estatut") llegue a su fin, será por éxito o por fracaso. Si es éxito, Catalunya gozará de la independencia que tanto ansía. Si fracasa, habrá que pasar a la siguiente fase. Yo la bautizaría la fase "Cop de falç".

No pasemos por alto un dato tan claro: 100%

100%...

Más claro que el agua destilada.

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