Christian Hernández: Torero

El torero mexicano Christian Hernández, de 22 años, dejó boquiabiertos a todos los asistentes que se encontraban en la Plaza Monumental de México al abandonar la plaza. "No tengo huevos -dijo- esto no es lo mío".

Opinión | 16 de junio de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Salió corriendo, tiró su capote y saltó la barrera. Pocos meses antes había resultado herido en una pierna. Se cortó la coleta y anunció su definitiva retirada.

"Hay cosas que tienes que conocer sobre ti mismo", afirmó. Más vale tarde que nunca, por supuesto. Lo que me pregunto es si semejante espectáculo sobre otro gran espectáculo, se produjo únicamente por "falta de huevos" o bien por otro tipo de reflexiones relativas al toreo. "No tengo habilidad, no tengo huevos". Nunca tantos huevos, insisto, han salido a la palestra. Hernández no es un torero arrepentido por mucho que los titulares insistan en ello. No lo es porque para hacer lo que ha hecho hay que tener cojones , y bien puestos. Las lamentables imágenes parecen insistir en reproducir la figura del cobarde. Lamentables, digo, precisamente por ello. Cobardía subliminal escenificada de la España profunda. Un par por decir que no los tiene. Otro por saltar la barrera, y otro por cortarse la coleta. Este ya difunto torero dará la vuelta al mundo con las imágenes que nos muestran una retirada a tiempo. Antes de que cualquier toro le mate y de que él mate muchos toros. Pero nadie podrá negar categóricamente que ha sido torero, como nadie podrá afirmar con contundencia que se trata de un "arrepentido", palabrita de marras con la que se llenan la boca los antitaurinos perdonando vidas. Hernández no puede torear más porque se conoce a sí mismo, y está en su pleno derecho. Pero si tuviera esos supuestos huevos, seguiría plantándose delante del toro. Ha huido aterrorizado. ¿Quién dijo miedo? : El. Que no le tachen de arrepentido, porque no lo es. Que no le llamen cobarde, porque tampoco lo es.

Ha sido detenido por incumplimiento de contrato. No he sabido de la detención de un actor -como ha sucedido en ocasiones- por suspender una función con el teatro lleno. Ignoro las cláusulas de los contratos taurinos, pero privar de libertad aunque sea durante horas a un torero por no matar al toro, me parece pura psicodelia. Si se le otorga tratamiento penal a la negación de una muerte, por espectáculo que sea, estamos tan sumamente equivocados que el hecho de pensarlo me produce escalofríos.

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