Sed de justicia

Somos una vergüenza nacional sobre la noción del silencio hecha ley : Consejo del poder judicial. Avanza esa vieja Bestia sin su bella, el feísmo se antoja bandera bicolor., el ? por qué no te callas? de dictador a dictador, jugamos en casa permitiendo que la pelota de goma entre por la puerta trasera, allí donde pierde la espalda su casto y honorable nombre. Somos una España vencida ante el poder insulso, confuso y disfrazado. Cesión, oposición, libertad de expresión. La pena de los casos, suspensiones de pagos, ejercicios de la profesión. El trazo de la tinta sobre un trozo morado que no llega a ondear. El tiempo que llevó tanta memoria intacta, la voz que le llamó, los espías que amó, el hombre necesario que ha humillado la patria, cara al sol.

Opinión | 20 de mayo de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Imposible retranca inducida y conclusa. Cuanta pena la nuestra, cuantos muertos sin nombre, cadáveres perdidos, cuantas tumbas y morgues sin derecho a existir. El arrabal del necio, la saliva sin sangre, la voz entrecortada con razones injustas sobre el juez que fue parte, ese juez que la historia ha proclamado osado, fuera de sus funciones, juzgado en boca del asno funcionario del Poder Judicial. Qué turba emana el asco y a pesar del revuelo. Qué presión insalvable por encima del pueblo. Qué estúpida sanción. No esperaba un milagro. Sólo que la justicia en pos de sus haberes templara la balanza equilibrado el mundo. La misma que ha vencido ese pesado peso. Ese peso pesado. Que los gestos del mudo no fueran entendidos sólo por logopedas. La sombra del fascismo que ha acallado mil voces. Sed de justicia. Infame. La acetona prendida en papel tornasol. Posdatas. Apostillas. Se abren apuestas. Traga. Internacional- Mente:

 

Arriba, parias de la Tierra.
En pie, famélica legión.
Atruena la razón en marcha,
es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava en pie a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo han de ser.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.
Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre libre ha de forjar.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor.
Nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.
Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser,
no más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.

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