Rambleros. Rebeldes con causa

El Ayuntamiento de Barcelona ha instalado una pequeña carpa bajo el lema de ?RAMBLEROS, REBELDES CON CAUSA?, al final de las Ramblas, junto a la estatua de Colon. En ella se mezclan todo tipo de personajes y acontecimientos que en su día marcaron el principio de una historia marginal, partiendo de la rebeldía y el enfrentamiento a la dictadura franquista.

Opinión | 18 de marzo de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Esta mañana he visto a Nazario mientras era entrevistado junto a una enorme fotografía en la que aparece con Ocaña, verdadero orgullo gay, el primero que se atrevió a salir del armario disfrazado de chulapona madrileña a golpe de abanico y clavel en la boca. Le costo tan caro que fue encarcelado junto con Joglars, grupo teatral por excelencia que apostaba por una libertad de expresión prohibida. Revistas alternativas como Star, El viejo Topo, Userda, Ajobanco?en todas ellas publicaba dando mis primeros pasos en el mundo literario, junto con las tertulias inolvidables en el Amagatotis, cerca de la emblemática Plaza del Pi. También la prensa política y social, con portadas como ?Han matado a un compañero los fascistas asesinos? (Premsa en Lluita, 22 de Septiembre de 1977, 15 pesetas).

Ese pequeño museo puntual no nos define, porque fuimos mucho más. No basta con panfletos a modo de recordatorio donde aparece Marisol desnuda en Interviu, seguida por el famoso ?Cambio16? hablando de ?partidos por la mitad?, a continuación una portada de ?Arreu? con la imagen de Salvador Puig Antich precedida de las siguientes palabras:?Ultima noche de Puig Antich?. Le sigue un ejemplar de ?Destino? con un jovencillo Serrat guitarra en mano. Condensar toda una época , muertos incluidos, no es tarea fácil. Los adolescentes que visitan la carpa miran con ojos de sorpresa y confusión toda esa serie de retratos, facsímiles e historias que les suenan a chino. Son ellos, los jóvenes, quienes deben tomar de nuevo Las Ramblas. Anoche hablaba con una amiga sobre la necesidad de salir a manifestarnos, porque esta realidad demócrata nos ahoga, porque no hay ayudas, no hay trabajo, y el país se va al garete. Nosotros, los malos hijos, tal vez hemos sido  también malos padres. Se lo hemos dado todo, y no conciben siquiera la posibilidad de saltar y tomar las calles, porque no saben, no pueden o quizá no quieren.

Los hippies han muerto, los libertarios ya no existen, y las tribus urbanas que nos o(K)upan se basan en la estética y el botellón. Son tan drogadictos como lo fueron otros hace mas de treinta años, solo que con el cambio del diseño ante el peligro. Adoran los deportes de aventura porque jamás podrán ser aventureros, saltan en paracaídas, vuelan en parapente y necesitan cocaína para follar a gusto. Desconocen la seducción y confunden la pasión con el aquí te pillo y te mato en el primer water que encuentran , ciegos de éxtasis con el cerebro reventado en el ultimo after. No tienen causa. No son rebeldes.

Recuerdo a mi amigo Pepe, que escondió a Salvador Puig Antich en la azotea de su casa. Y me recuerdo a mi misma en la comisaría de Vía Laietana, detenida, con antecedentes políticos a los catorce años. Creo que lo dije hace tiempo: Nos va a tocar nosotros. Cuarentones, cincuentones que hemos vivido lo insoportable, que hemos luchado por la justicia y contra las injusticias. Que plantamos cara cuando te jugabas el tipo y salías con unas cuantas hostias en cualquier parte del cuerpo.

Las Ramblas ya no son lo que eran, pero me niego a convertirlas en leyenda.

Que no toquen a mis muertos porque no racionalizo. ?Prefiero un país rojo que un país roto?, decía mi abuela. Nunca ha sido rojo, pero si esta roto. No voy a quedarme a contemplar como cae a pedazos.

 

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