Educación e infraestructuras

Podría pensarse que escribo éstas palabras por el calentón del momento. Pero no. Lo que voy a escribir lo pienso desde hace ya un tiempo por cosas que he observado y lo de hoy solamente corrobora lo que ya pensaba. El gobierno de Canarias es, básicamente, chapucero. Hay dos razones para que sea así: la educación es harto deficitaria y sus políticos son unos chorizos. Tal cual suena.

Opinión | 02 de febrero de 2010
Pere Borràs

Contaré una historia personal porque es a partir de ésta que empecé a observar ciertos aspectos de la idiosincrasia canaria que han desembocado en el desastre que hoy sufrimos en las "islas afortunadas".

Actualmente resido en Canarias, donde tengo una pareja. Esta pareja tiene un hijo. Este hijo tiene 13 años y está, consecuentemente, en edad de aprender. Para ello, va al instituto. Es el primer año que va al instituto. Cuando lo conocí, aún iba al "cole". Me enseñó, entonces, un examen de inglés. Le habían puesto un 10 (sobre 10, of course). Un 10 (sobre 10) quiere decir "perfecto". Si lo máximo puntuable es un 10, puntuar con un 10 debiera querer decir que las respuestas del examen son perfectas, que no puede ser mejor. Había, en el nombrado examen, faltas. Diré más: había faltas garrafales. Poco después decidí someter a mi propio examen personal de inglés al chaval. No crean que era un examen especialmente difícil. De hecho, solamente le pedí que me escribiera en inglés unos cuantos colores, los días de la semana y los meses. Algo que puede llevar, reposadamente, una semana aprender, a lo sumo y exagerando (yo diría que con un día basta, pero en fin...). Pues bien: después de 6 años de inglés en la escuela, cometía faltas...

Le pusieron un 10...

Desde que empezó el instituto, prácticamente han sido la misma cantidad de días los que ha pasado en la escuela que fuera de ella. Me explico: cualquier excusa vale para cerrar las aulas y todo son fiestas, puentes y cosas por el estilo. La consecuencia lógica de ello, no hace falta ser un genio para darse cuenta, es que los chavales terminan sin saber ni escribir correctamente. Pero les ponen dieces. El resultado salta a la vista. Cualquiera que se pasee, por poner un ejemplo, por Santa Cruz de Tenerife, descubrirá que hay pasos de peatones en los que tras 3 minutos esperando que el semáforo se ponga verde, al hacerlo a penas da 10 segundos para cruzar antes de volver a prohibir el paso. Es, pura y llanamente, una chapuza. Lo mismo pasa con las direcciones de las calles, la construcción de los edificios, etcétera.

Suponiendo que sepan lo que es un ingeniero de caminos, aceptarán el trabajo del ingeniero de caminos más chapucero que, tal vez, sea pariente del político de turno. ¿Hace sol? ¿Hay turismo? Todo está bien.

Hoy más de 30 familias se han quedado en la calle porque ha llovido durante un ratito. Lo que les digo: un ratito (bueno, dos ratitos, nada especial). En las noticias no paraban de verse las calles convertidas en ríos pero... ¿Han mostrado la lluvia? No. No había tanto que mostrar. Era el equivalente a un día de lluvia normal en Barcelona, lo cual se por experiencia. Pero aquí se ha convertido en el caos. Las infraestructuras no son, ni de lejos, las debidas para una ciudad de este tamaño. Pero ¿cómo iban a serlo si creen hacer bien las cosas cuando son cualitativamente deficitarias, si ya de pequeños les ponen dieces cuando deberían suspenderlos? Pues de ninguna manera. Sencillamente, no lo son.

Mientras los políticos canarios se preocupan por financiar hasta el último duro (descontados sus sueldos y algo más, faltaría más) las fiestas y más fiestas que no se invierten en educación y que, de hecho, la perjudican obscenamente, lo que es el orden de las cosas brilla por su ausencia, como ha brillado hoy.

Cuatro gotas de nada han sumido a la ciudad en un bien perceptible caos y han dado buena cuenta de las necesidades que, año tras año, nos recuerdan que aún no han sido cubiertas.

Los carnavales, los días de fuga (que son "campanas" a clase oficiosas) los puentes y la jarana, eso sí, podrán empacharnos.

Les diré lo que ha pasado hoy, otra historia personal:

Mi madre, de sesenta y tantos años, enfermera en un hospital de Santa Cruz, ha visto cómo las cocinas del centro santario se inundaban, tras lo cual ha sufrido un accidente por el agua y ha tenido que ser asistida en el mismo hospital en el que trabaja. Al llegar a casa, con los naturales dolores derivados del accidente, han caido unas gotas más (el segundo ratito). A pesar de vivir en un 4º piso, éste se ha inundado; en las últimas obras, los desagües se taparon, así, sin más. Quedaron, eso sí, de 10... hasta que han caido 4 gotas, cómo no. A los vecinos de abajo se les cae el techo y se han quedado sin luz. Cuando digo que a los vecinos de abajo se les cae el techo, podrán comprender que hace falta tener un buen control del esfínter para que los gayumbos de uno no se vean adornados con un nada estético manchurrón marrón procedente de las posaderas, no sé si me entienden...

Ahora bien: ¿Tanto cuesta hacer cumplir el horario docente, dar una educación adecuada, enseñar a la población que las cosas hay que hacerlas bien y vivir, simplemente y en consecuencia, mejor? ¿No salta a la vista que "tanto estudias, tanto sabes"? Recuerdo lo eficaz que resultó la campaña "les coses ben fetes..." (los que estuvieran hace entre una y dos décadas en Catalunya sabrán de qué hablo).

Mientras las obras, las fiestas y todo lo demás sigan dependiendo de políticos que bien podrían darles lecciones de picaresca a los de Marbella, sí. Tanto cuesta.

Mientras, las calles convertidas en ríos rebozados de pedruscos arrastrados por el agua, el niño sin saber inglés y mi madre al borde de un ataque de nervios.

Tampoco es que se pueda decir tanto de la mayor parte del resto de España, claro...

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