¿Qué pasa con Twitter?

¿Qué pasa con Twitter?

Imagina, por poner un ejemplo, que eres un triste director de banco que pasa sus horas de oficina paseándose por foros y chateando con guarrillas/os. Un día, una cantidad mayor de lo habitual de clientes indignados por la incomprensible pero flagrante falta de competencia de tu oficina deciden ponerse de acuerdo para llamarte entre las 3 y las 6 de la tarde. De este modo, provocarán una situación excepcional que llamará la atención sobre ti.

Opinión | 07 de agosto de 2009
Pere Borràs

Durante las tres horas que dura el ataque indiscriminado de llamadas, los clientes que no tienen nada que ver con éste y que llaman para lo que sea, se encontrarán con que la centralita no les pasa nunca con nadie que pueda atenderles. El personal, debido al ataque sincronizado de los clientes "gamberretes", está demasiado ocupado descolgando y colgando teléfonos a diestro y siniestro, por lo que no pueden ofrecer satisfactoriamente su servicio a los clientes "buenos".

Eso, en el mundo de las redes informáticas, se conoce como DoS (Denial of Service, Denegación de Servicio en inglés) y es lo que le pasó a Twitter ayer por la tarde.

En un ataque DoS, el personal que recoge las llamadas y realiza las tareas relacionadas con cada una de aquellas, es sustituida por los servidores que dan servicio a los usuarios.

Una persona, como es evidente, no puede, por sí sola, provocar un ataque de este tipo. Mientras su capacidad sea inferior a la del sitio atacado, no hay nada que hacer. Con una sola linea no puedes saturar 4 lineas por mucho empeño que le pongas. Por eso, a estos ataques se los llama también ataques sincronizados. Se necesita que varios ordenadores actúen simultáneamente sumando así su fuerza contra un solo sistema mayor.

Pero hay otro modo para lograr el mismo fin sin necesidad de tener que reclutar a una miríada de hackers traviesos. El sistema, que también utiliza la fuerza bruta, es más refinado y requiere más trabajo, aunque menos gente.

Se trata de "forzar" a otros ordenadores a realizar el mismo ataque sin que los usuarios del ordenador atacante sean conscientes de la trastada que están haciendo. Para eso están los troyanos (algunos de ellos).

Como nuestro triste director de banco se pasa las horas chateando con guarrillas/os, en algún momento una/o de ellas/os le envía una foto que, oh caramba, no se abre una vez recibida.

"Se habrá cargado mal" - piensa el triste director desde la inopia que le caracteriza.

La realidad, como veremos, es bien distinta. Lo cierto es que no hay ni foto ni tetas que ver. El archivo que nuestro triste director de banco se ha descargado es un sencillísimo programa cuyo único propósito es ponerse a enviar solicitudes como un loco a Twitter a partir de las 3 de la tarde de un jueves 6 de agosto de 2009 cualquiera ;)

O eso dicen que ha pasado.

A estos ordenadores infectados son a los que llaman zombies. No es que los ordenadores sean zombies, claro; los ordenadores no son muertos vivientes, ¿por qué piensas cosas tan raras? Tongue out Son los dueños (o usuarios) de esos ordenadores los que son zoquetes, que para entendernos son como zombies pero con menos maquillaje y efectos especiales.

Tal vez, si las personas fueran menos de pensar "esto a mi no me interesa, yo solo quiero que funcione" y tiraran más hacia el "saber es bueno, el saber no ocupa lugar, me gusta saber qué estoy haciendo, ¿como será que funciona ésto?" no pasarían estas cosas.

Lo que vengo a decir es que me da la sensación de que la carencia de conocimiento sobre las herramientas que usamos cotidianamente empieza a ser alarmantemente alta. No olvidemos que este tipo de ataque ya ha pasado antes (el mismo día que Google salió a bolsa le hicieron la misma gracia, y mira que hacerle un DoS a Google sí que tiene mérito).

El fantástico autor de ficción Arthur C. Clarke decía que "Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia".

Desgraciadamente, eso es cierto para cualquiera que no conozca dicha tecnología. Tal vez debiéramos dedicar más tiempo a aprender como funciona lo que usamos (que todo tiene su peligro potencial) que a sufrir las desventuras de un Matamoros cualquiera o a opinar sobre lo malo que es descargarse una canción. Soy de la opinión, a ese respecto, de que una opinión sustentada en el conocimiento de lo que se opina tiene más valor que una opinión sustentada en opiniones de terceros. Por ejemplo: habrá quien decida dar más credibilidad a la opinión de la vecina del cuarto que a la del médico de cabecera sobre el bultito que me ha salido en la espalda. Pero yo, por mi bien, sólo lo haría si la señora vecina del cuarto también ha estudiado medicina. En caso contrario, valoro más la opinión del médico de cabecera, no importa lo mal que suene o lo poco que me guste lo que diga.

Así que ya saben, no olviden vitaminarse, mineralizarse, y eviten descargar fotos de guarrillas/os que no conozcan en persona si no saben lo que hacen. Podrían provocar la caída de un sistema. Laughing

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