Era una monja buena

Era una monja buena

Era una monja buena. Y eso, como muchas otras cosas, no se olvida.

Opinión | 05 de julio de 2022
Consuelo G. del Cid Guerra

"Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
cuando asqueados de la bajeza humana,
cuando iracundos de la dureza humana:
este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros
".

Luis Cernuda.


La siembra de una memoria reciente que no estuvo en los libros. Los inmensos errores cometidos por parte de quien rebota datos irremediablemente falsos. Rápidas construcciones con pantalla incluida y puntero en mano. La palabra "puta", repetida como estandarte que no se corresponde. ¿De qué realidad hablan quienes jamás pasaron por allí? Desde la absoluta carencia documental, basándose en la doctrina publicada, se ha extendido una alfombra que yerra hasta la médula. Los expedientes del otrora Patronato de Protección a la Mujer suponen el molde de los actuales informes psicosociales. El sistema se ha perpetuado en manos de sus dueños y señores, de forma tan hábil como disimulada. Las puertas traseras se abren y cierran con suma facilidad.

¿Putas...? yo no conocí ninguna. La etiqueta casquivana se aplicó con suma facilidad, cargando contra miles de adolescentes posturas distintas. Ser libre, menuda utopía. Ser libre suponía ser mala, estar endemoniada, y para eso estaba la institución fascista que encerró a niñas hasta los veinticinco años tras realizar la prueba de virginidad en los Centros de Observación y Clasificación.

Monjas. Monjas. Monjas y congregaciones determinadas que hoy gestionan los centros cobrando subvenciones.

- Es que aquella disciplina es imposible de entender hoy en día.
- No, madre.
- No me llames "madre", porque ya no soy monja. Me fui porque no estaba de acuerdo con las cosas que se hacían.
- Demasiado tarde, porque para entonces, el mal ya estaba hecho.
- Yo no te quito razón. Pero hay que trasladarse a otros tiempos. Tú sabrás por qué te has empeñado en sacar esto a la luz después de tantos años, Consuelo.

Claro que lo sé. "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros", para que no se repita.

- En nombre de la congregación, yo te pido perdón.
- Tú nunca me hiciste nada. Eras una monja buena. Y no estabas con las internas ni sabías de la misa a la media, madre.
- Que no me llames "madre". Si quieres, llámame "hermana".
- Eso es imposible.
- ¿Por qué?
- Porque "hermanas" somos todas nosotras, las supervivientes. Y esa palabra es un título que nació de forma espontánea, sin más, salió del alma. No puedo llamarte "hermana".

Caminamos despacio en busca de un restaurante barato donde poder comer juntas. Insistía en el perdón, que acepté a regañadientes. Era una monja buena. Y eso, como muchas otras cosas, no se olvida.
 


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