Loquillo y Miguel Bosé: los idiotas del día

Loquillo y Miguel Bosé: los idiotas del día

Si algo ha quedado claro hoy es que la fama no le libra a uno de ser imbécil. Y para muestra, dos botones: Loquillo y Miguel Bosé.

Opinión | 10 de junio de 2020
Pere Borràs

Hoy Twitter ha gozado una vez más con las burradas que, desde sus perfiles oficiales, vomitan de vez en cuando algunos famosos.

Ayer, lamentablemente, falleció Pau Donés, vocalista y rostro de Jarabe de Palo. Conocedor de su destino, decidió adelantar su último disco. Fue su último regalo a la cultura.

Como no podía ser de otro modo, no tardaron en aparecer los mensajes de dolor en las redes sociales. Dolor sincero, dolor sentido, merecidos homenajes a su memoria. Fans y compañeros del mundo de la cultura expresaban a su manera la tristeza que la noticia les produjo.

Hasta que le tocó el turno a Loquillo.

Nadie es ajeno al egocentrismo del personaje. Incluso así, sorprende la particular manera con que ha decidido despedirse públicamente de Pau Donés.

Podía haberle agradecido su legado. Podía haber lamentado su partida. Podía haber expresado dolor. Podía haber hecho muchas cosas. Pero lo mejor que podía haber hecho era callarse y no decir nada. Porque el muy idiota ha hecho dos cosas en un solo tweet: La primera, mentir. Y la segunda, hacerlo para darse autobombo.

En primer lugar, por lo visto, según Loquillo, a una persona se la puede conocer más de una vez, la primera y las siguientes. Te conozco y luego te vuelvo a conocer. Y así cada vez que te conozca. ¿Recuerdo cuando conocí a Pau? No. Recuerdo la primera vez que lo conocí. La segunda, que también recuerdo, ya se le veía mayor y la tercera tenía barba. La cuarta vez que lo conocí empezaba a cantar y la quinta sacó un disco. Lamentablemente ha muerto, así que lo que importa es que YO lo conocí. Porque lo conocí YO.

¿Y qué recuerda (dice recordar) Loquillo de la primera vez que conoció a Pau Donés? Pues que Pau tenía una autógrafo SUYO que ÉL (y no otro) le había firmado.

Todo hubiera quedado en un simple y previsible despliegue de egocentrismo si no fuera porque la imposibilidad de la afirmación evidencia, además, el embusterismo del personaje. La afirmación es imposible. Porque si Pau tenía un autógrafo de Loquillo, cabe suponer que el autógrafo lo firmó Loquillo y que se lo firmó a Pau. Y que por tanto lo conoció cuando le firmó el autógrafo. No puedes conocer por PRIMERA vez a una persona a la que ya has conocido antes ¿no?. O a lo mejor solo ha sido un lapsus. En realidad quería decir “recuerdo la segunda vez que conocí a Pau Donés” pero se ha equivocado y errar es de humanos. No importa. Ahora todos sabemos que Pau Donés tenía un autógrafo de Loquillo, que es lo que interesa, sea cierto o no.

La segunda perla nos la ha regalado Miguel Bosé, otro alarde de humildad.

También se despidió de Pau Donés, con mejor fortuna que Loquillo. Al cabo de una hora, sin embargo, para hacernos un favor y desde el conocimiento que le otorgan sus múltiples doctorados científicos, este genio de la biomedicina, la epidemiología y la física de radiofrecuencias nos invita a vivir sin miedo y tomarnos las vacunas por el pito del sereno.

No hay que temer al virus, hay que temer a Bill Gates. Eso dice. Porque la enfermedad que ahora mismo tiene en jaque a todo el globo (o a todo el plano, porque tampoco fuéramos a sorprendernos si el tipo fuera terraplanista) es culpa del 5G. Lo que diga la comunidad científica es caca. ¿Qué sabrán ellos? ÉL sabe la verdad y generosamente nos la revela. Y la verdad, según este portento, es que el Covid-19 lo provoca la red de telecomunicaciones 5G y que la vacuna contra el SARS-CoV-2 no es más que una triquiñuela de Bill Gates para meternos chips en vena. En un intachable atentado contra la salud pública, Bosé anima a no vacunarse y a prescindir de los avances tecnológicos porque, según proclama con el hashtag #YoSoyLaResistencia (que no falte el YO), prescindir de las ventajas de la tecnología y exponerse a las enfermedades pudiendo evitarlo es lo que mola.

Podría hablar largo y tendido sobre la imposibilidad de introducir chips a través de una aguja para controlarnos (no, chica, no existen GPS tan pequeños), pero no creo que haga falta. O tal vez sí, porque por sorprendente que parezca, hay gente, y no poca, que se lo ha tomado en serio.

Poco nos pasa.

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