Helena

Helena

Tres años sin sus hijos, arrebatados por los servicios sociales. En los últimos tiempos, lo único que pedía era poder verlos un rato.

Opinión | 25 de marzo de 2020
Consuelo G. del Cid Guerra

Abandonada y desasistida por el sistema, perdida en su propia historia porque no la podía soportar ni sabía cómo vivir separada de lo que más amaba en el mundo.

El daño irreparable amparado en una oficialidad que yerra, ignora y olvida lo más sagrado, juzgando bajo el síndrome de un Dios que no existe en sus corazones.

Los ejecutores del poder de una injusticia que va destrozando vidas mientras se mira a otro lado. Yo acuso, sí, con el dedo y en primera persona. A los políticos que no atienden, a un gobierno que pasa de largo ante semejante barbarie, a quienes nos denuncian por decir la verdad, a tanto técnico, psicólogo y psiquiatra, que ignoró el peligro, sabedores de su vulnerabilidad, tristeza y depresión.

Y yo agradezco infinitamente a los activistas D. Rafael Losada Montero y Dña. Soledad Maes Coli, toda su entrega: las dos personas que más la ayudaron de forma completamente desinteresada y por pura bonhomía.

Helena, dejaste el balcón abierto en busca de otro vacío porque ya estabas vencida, no podías más, y todos los que te conocimos lo sabemos tanto como lo respetamos. Tu abogada, Margarita, tus compañeros de lucha y el activismo entero, estaremos siempre contigo. Jamás serás un recuerdo porque no te olvidaremos. Que no nos importe la derecha, la izquierda o el color que nos separa y se produzca esa unión que parece imposible desde el brillo de tu ausencia y ese mensaje del alma que has dejado: el más rotundo, tan desolador como definitivo.

Descansa en paz, Helena. Te vamos a querer siempre.

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