Una geisha llamada Isabel Preysler

Un cantante, un marqués, un ministro y ahora un escritor. Pero no un escritor cualquiera, un Premio Nobel.

Opinión | 18 de junio de 2015
Cordelia Colby

Isabel Preysler es la mujer de lo más alto, del copete dorado y el compromiso eterno. La geisha de la nueva era, capaz de satisfacer toda necesidad masculina tras haber elegido. No es una viuda negra, tampoco una viuda alegre. Es una mujer reina, dueña de su propio palacio. No quiere estar sola y en su derecho está. Conocí a su biógrafa oficial y me habló de sus encantos. Lo de Boyer fue un flechazo con lentejas y un colgante de oro con forma de mariposa. El pobre marqués la lloró mucho, y Julio Iglesias se quedó muy pequeño con el paso del tiempo tras su "Hey!".

Una vieja amiga suya me contó que envidiaba su armario. Ahora, en pos de la literatura, se dice que es pareja oficial de Vargas Llosa. Y es que ella es una geisha camaleónica, lo mismo le da a la música, a la nobleza, a la alta política que a las egregias letras. Ella nos devolvió las medias de cristal, la lencería fina y el glamour olvidado. Resucitó a todas las olvidadas, mató la progresía, depiló mil sobacos y encumbró el socialismo a golpe de tacón fino, de la más bella aguja. No tiene vicios conocidos. Aseguró su pasado, presente y futuro con un hijo de cada marido. Su cuerpo no acusa las huellas de parto alguno. Es la Porcelan-osa que encima, le paga. Consiguió hacer de su amiguísima Carmen Martínez Bordiú una hortera casquivana. Isabel es muy grande, y ha decidido visitar a Pantaleón en la ciudad de los perros, cuya casa, verde como la esperanza, recibe al escribidor.

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