La hora de Cenicienta

El grito fácil, la acusación inmediata sobre más de un millón de manifestantes pacíficos que acuden a las convocatorias reclamando su derecho por la dignidad.

Opinión | 24 de marzo de 2014
Consuelo G. del Cid Guerra

Las imágenes tan rápidas como inmediatas, los dos bandos, las dos Españas de siempre apostadas una tarde que ya no es cualquiera. ¿Quién pega más, quién destroza menos, quiénes son los criminales?

Aquellos que acusan desde la rabia de su propia urgencia individual a la izquierda radical, una izquierda que desconocen por completo desde su postura censora donde ?para ellos- son todos los que están. La contra al final maldita que hace flaco favor por puro y durísimo desconocimiento. Los que hablan de terroristas con trapajos por bandera, los que tanto se molestan cuando la manifestación es multitudiaria y no pueden decir eso de eran cinco o seis.

Los que tanto desconocen porque no nos conocen. Son los que meten a todos en el mismo saco, los que esperan al final, ya caída la tarde, las imágenes captadas por sus cadenas de televisión, tan radicales como su propia ignorancia.

La hora de Cenicienta empieza al final de la manifestación, cuando el plazo autorizado vence. Siempre de noche. Grupos como el Bloque Negro (Black Block) junto con una serie de añadidos encapuchados de cualquier color, ponen el sello de lacre final conviritendo el espacio en una zona caliente que ellos se encargarán de incendiar, destrozar y apalear, además de patear policías.

La marcha de la dignidad se desarrolló de forma pacífica. La policía no respetó el final del acto, cargando sin más, por las malas y a saco. Se les pidió por favor que se retirasen, y no lo hicieron. Pese a ello, los manifestantes continuaron la marcha sin ningún altercado violento por su parte. Pero se acercaba la hora de Cenicienta, y los grupos radicales de no se sabe qué parte, empezaron a lanzar botellas, piedras, cristales. Patearon la cabeza de algunos policías y destrozaron todo lo que se les ponía por delante. Es cierto. Tan cierto como que no tienen nada, absolutamente nada que ver, con los manifestantes.

Este magnífico video de J. Robles lo deja muy claro. Al final, los propios manifestantes piden a los violentos que se larguen. No son todos los que están, pero viene de perlas cargar los actos vandálicos a la inmensa mayoría. Terroristas todos, criminales todos. Utilizar con tanta facilidad cualquier palabra termina por desvirtuarla. Rojos de mierda, asesinos antisistema, la izquierda, siempre la izquierda, el eje del mal, la mala bestia. Cuánta ignorancia, por su dios. Los porrazos a diestro y siniestro simplemente por estar ahí, el policía que responde a una periodista con cállate, guarra, los gritos en general de hijos de puta mientras un par de encapuchados la emprenden a palos contra un cajero automático. Aquí están, estos son : Para vosotros, todos. Para nosotros, ellos. Viva la diferencia, mire usted.

Que no nos metan en el mismo saco, por favor. Esos grupos violentos no nos representan. Los medios de comunicación lo saben, la policía lo sabe. Ellos mismos se infiltran entre los encapuchados del bloque negro o coloreado en busca de información. Una información que no se plasma por escrito. Las imágenes valen más que mil palabras, y el millón de manifestantes que se los coma el Gobierno como pueda.

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