De falsos Budistas, Shaolines, Monjes y Templos de la Tranquilidad

De falsos Budistas, Shaolines, Monjes y Templos de la Tranquilidad

Ni están todos los que son, ni son todos los que están. El Busdismo es un asunto muy serio. No se cambia de religión como de piso, y tampoco de nombre, cosa más que frecuente entre los recién estrenados y supuestos budistas. Así lo hizo Juan Carlos Aguilar Gómez, sin ir más lejos, colocándose el Huang y autoproclamándose monje budista shaolin. Huang Carlos Aguilar Gómez ha asesinado a dos mujeres en su gimnasio de Bilbao, conocido como Templo de la Tranquilidad. El sujeto en cuestión encontró su parcela de poder y sus minutos de gloria al ser entrevistado por Punset y Pablo Motos. Iba de maestro en meditación trascendental y jugador aéreo de cuchillos en acertados malabares dignos de espectáculo callejero.

Opinión | 10 de julio de 2013
Consuelo G. del Cid Guerra

El Shaolin Temple Spain, único centro reconocido en España por el Templo Henan, de China, afirma que Huang Carlos Aguilar Gómez no es maestro shaolín ,tampoco monje, y -lo que es más- incluso carece de los mínimos requisitos para serlo. Al parecer, gran parte de los certificados se obtienen de forma irregular, cosa que no me extraña en absoluto porque estoy harta de budistas, meditadores y maestros de cualquier asunto invertebrado que tras un cursillo de tres meses se lo creen, ejercen y dan lecciones al respecto hasta encadenar con otro cursillo que les convierte en catedráticos. Eso tras bautizarse con otro nombre sin pila, como lo hizo Huang, y asegurar que están formados, pero que muy formados, mientras se expresan con garrafales faltas de ortografía y cuelgan frases lapidarias en las redes sociales cuya esencia y significado desconocen por completo.

El sujeto en cuestión se presentaba como Abad del Monasterio Sifú, y hablaba de su gimnasio refiriéndose al Monasterio Busdista Chang/Zen, Océano de la Tranquilidad. Así, con un par. Su mirada es inquietante, como de asesino, y es que nos ha jodido Mayo con sus flores: Resulta que lo es. Un asesino, digo, que se ha cargado a dos. Los restos de una de las mujeres se encontraban repartidos en distintas bolsas de basura muy bien colocaditas en su Monasterio-Templo de la Tranquilidad. Los vecinos no hablan muy bien de él. Al parecer ni siquiera saludaba. Pero es que los grandes monjes elevados por sí mismos a lo divino se encuentran y desencuentran muy por encima de los simples humanos.

Huang, ataviado con túnica naranja -faltaría más, el ácido color de su cielo- la cabeza afeitada y una expresión terrorífica en su rostro, dice creer haberlas matado. Tiene un tumor cerebral y se

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argumenta que el hecho puede ser la causa de su enajenación. Ahora que se lo cuenten a Punset y veremos cómo lo encaja.

Pero Huang, en realidad, profesionalmente no es más que un hábil lanzador de cuchillos. Ni Budista, ni monje ni Shaolin. Y para lanzador, el amigo Alberto Murroni, que es un pedazo de artista con cualquier flecha o cuchillo. No va de nada. Recuerdo que me hablaba una vez, en Barcelona, de los falsos budistas, videntes, mentalistas, nuevos dioses y demás. Decía que forman parte de esa gran masa mediocre, analfabeta, triste, desclasada y resentida social. Y tenía toda la razón.


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