Hola, David Rocasolano

Hola, David Rocasolano

Si se tiene o no pluma es lo de menos, que para eso están los negros. Cualquier sujeto, aun carente de predicado, dirá que ha escrito un libro. Un libro oportunista que nace de la venganza más rastrera, como es el caso del primo de Letizia Ortiz.

Opinión | 09 de abril de 2013
Consuelo G. del Cid Guerra

Le viene de perlas aunque sean falsas. Venderá como churros, concederá mil y una entrevistas e incluso puede que en un corto espacio de tiempo le veamos convertido en tertuliano televisivo o propietario temporal de una silla en Sálvame. Todo depende de cómo se presente el muchacho, de su postura, osadía, gracia y verborrea.

Letizia Ortiz fue una chica normal. Con virtudes, defectos, traspiés y demás episodios humanos. A estas alturas no se debería caer tan bajo y menos tratándose de un miembro de la familia, abogado que en su momento la defendió. Pero la carne es débil y la pasta muy gansa. Bajo el atractivo título de Adiós, princesa (poco original el título, puesto que existe una novela de Juan Madrid con el mismito) el primo se despacha con las peores intenciones, en el preciso momento que la Corona tiembla y todo monárquico tiene puestas sus grandes esperanzas en los príncipes, hasta ahora blancos, de comportamiento ejemplar y con poca o ninguna tacha. Venga, que les llueva mierda. Este Corleone de pacotilla las promete muy grandes. Dicen que será una bomba. Puede que incluso lo haya escrito él ?el hecho no me pone la cosa ni mejor ni peor-. Que se abra el telón: La próxima semana en todas las librerías del país, y para muestra, un botoncillo, dice el primo que Letizia se sometió a un aborto en la clínica Dator de Madrid. Bueno, y a mí qué. Los detractores del hígado recorrerán a sus anchas mil ríos de tinta fácil, socorrida y cruel. ¿Por qué no lo hizo antes si tantas ganas tenía? ¿A qué reciente conflicto se debe semejante sorpresa? Menos mal que era el supuesto encargado de borrar toda huella anterior... al loro con los encargos que se convierten en odio impreso pocos años después, dependiendo del devenir de los vientos, que poco o nada se llevan.

Afirma Andrew Morton que la familia Rocasolano es su principal fuente de información, y con ella ha escrito un libro que no dice nada. El biógrafo por excelencia fue entrevistado por Jaime Peñafiel para explicar aún no se sabe qué a quien lo sabe todo. Pero España es así. O se habla de más o se dice muy poco, aunque vender, se venden los charlatanes urbanitas lugareños y extranjeros. Escribir, lo que se dice escribir, es cosa del oficio. Y en muchas ocasiones basta con una frase bien situada, un mensaje corto, casi subliminal, para tener presente a un ex, al amigo que te decepciona, a la faena maestra que algún día nos hizo cualquier conocido o al agravio del circundante. Por poder, se puede destrozar a una familia entera y situarla en el más absoluto descrédito, que ya lo dice el refranero en sus distintas posturas impuestas: Calumnia, que algo queda. Cuando el río suena, es que agua lleva

Presiento una venganza gratuíta, obscena y descarada en manos del lindo primo que no ha sabido estar y se nos presenta tal y como es. A la princesa que un día sólo fue Letizia Ortiz, el matrimonio del siglo siempre le saldrá carísimo.

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