El talento

-Eres un genio.-¿Perdón? -No pongas esa cara. Eres un genio, hombre. He devorado tu libro sin poder levantarme del sofá, y con la boca abierta. Me ha enganchado de principio a fin, créeme, he leído muchísimo, muchísimo. No es que tengas un don, es que ya lo dominas. No sé nada de ti, ni me interesa. Pero si me has hecho llegar el manuscrito, por algo será.

Opinión | 30 de junio de 2012
Consuelo G. del Cid Guerra

-¿Pero estás segura de lo que dices?

-Completamente. Es que no es un placer, ha sido orgasmo. Eres literatura. Sabes escribir como pocos. Dominas el lenguaje, los tiempos, tienes la historia perfecta, la manejas a tu antojo, creas ansiedad, sorpresa... hasta asustas. Ahora dime ¿qué hacemos?

-Si pudieras ayudarme...

-Por supuesto. Te pondré delante de todo aquel que debes conocer. Te presentaré en el lugar justo. Te ahorraré años de búsqueda y espera. Te daré lo poco que tengo y tanto cuesta adquirir. Pero para entrar realmente en este mundo, debes estar preparado.

-Eso me han dicho, es que

-Serás despedazado. Envidiado, traicionado, hasta puede que plagiado. Protege ahora mismo esa obra en la propiedad intelectual. Te pondrán a parir los mismos que un día te llenarán de halagos. Sigue escribiendo. Tú no hagas caso a nadie. Tienes talento del grande, lo tuyo es arte mayor.

Publicó el primer libro. Tal y como sospechaba, fue un éxito brutal. Le pedí que jamás me nombrara. Jamás. Me pidió que no revelara su verdadero nombre. Jamás.

Y ambos lo cumplimos.


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