#AgurETA, alegría escéptica

Tras el anuncio de ETA, en el que afirmaba que daba fin a 43 años de acciones terroristas, las reacciones no se han hecho esperar. Twitter ha sido un torrente continuo de reacciones contrapuestas, desde los que mostraban alegría incondicional hasta los que se mostraban políticamente escépticos y veían en este acto una maniobra electoralista. Sin duda, un termómetro de lo que se piensa en la calle.

Opinión | 21 de octubre de 2011
Rubisco

A mí, sin embargo, permítanme mostrar una "alegría escéptica", y explicaré el porqué:

Son muchos los años que la izquierda abertzale se ha ido distanciando progresivamente del entorno de ETA, cuestionando cada vez más los métodos terroristas de la banda. Si bien al principio todo parecía parte de un montaje, se ha comprobado como las diferencias han llegado hasta el punto de que históricos dirigentes de la banda se han pronunciado a favor de su disolución. Ésa es la parte de la alegría.

Del mismo modo, ETA anunció en varias ocasiones sendas treguas indefinidas, cada una de las cuales concluyó abruptamente con un atentado. En todas las ocasiones hubo voces del entorno terrorista ampliamente disconformes, pero siempre pesaba la tesis de mantener la política terrorista. Ésa es la parte del escepticismo.

El hashtag de Twitter #AgurETA es demasiado optimista, a mi parecer, pero no esconde lo que para nosotros sería una gran alegría: que el comunicado emitido hoy fuera el principio del fin de la banda. Albert Rivera, político de Ciutadans de Catalunya, critica que ETA no entregue las armas ni se disuelva. Estoy de acuerdo con él, pero a la vez le replico que debemos ir paso a paso.

Creo que este proceso tardará un tiempo en completarse. Primero, porque toda la parafernalia internacional que se ha montado (que, a mi juicio, es meramente estética) puede que hasta entorpezca la soberanía española en este asunto. Y segundo, porque es preciso que esta noticia se dosifique para no olvidarnos de la actualidad, que es la del desempleo, la crisis económica y los problemas de productividad de todo el país y el continente. Y sería muy tentador para Rajoy, Rubalcaba y compañía hablar de ETA y olvidarse de la crisis de deuda, de los cuatro millones y medio de desempleados y de los bancos en quiebra. No lo permitamos.

Brindemos, pero sabiendo que tal vez la botella de champán aún debe permanecer algún tiempo en la nevera hasta agotarla del todo.

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