Grandes pérdidas

Todo es ordinario. La propia ordinariez anda muy confundida entre tanto impostor, que la sartén no deja de repetirle al cazo : Quita, que pringas. Aquí no se salva ni el gato. Grandes bebedores-as, apóstoles del vicio y reinas del refregón, ahora se niegan dando el cante. Sin gallo, puesto que todo dios es ateo. Huy, que no...que te equivocas mucho, que yo no estuve allí ni les conozco, que se te va la olla...soy una persona seria.

Opinión | 19 de septiembre de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Seria, oh yeah. ¿Te acuerdas cuando jugábamos a asustar hombres en pleno barrio chino (ahora Raval) a grito peladísimo cuando ya amanecía?...dice que no se acuerda.

¿Te acuerdas de la noche en que le quité la gorra a un policía para cantar el himno de la revolución francesa?...dice que no se acuerda.

¿Te acuerdas de las dos piernas rotas de tu entonces amante cuando se tiró por la ventana porque no la querías?...jura que no lo sabe.

Y qué penita me da la historia maquillada, la negación rotunda de tanto desgobierno, la seriedad implícita por no se sabe qué, esa vergüenza estúpida que anda tras tantos nombres, las aceras, aceite, hospitales, agujas, noches negras y blancas, desmadre a la española, como nos corresponde. Ya no os conozco. Me hablan de prestigio, y no es un barco. Me cuentan chismorreos afirmando que informan. Maldicen en inglés diciendo que es justicia. Aseguran que estaban ?entonces sí- presentes, cuando todos los muertos. Conviven, conmemoran, esculpen una historia que es mentira cochina. Yo soy una señora. Manda narices, chica. Casi treinta años más tarde os veo retratadas, entre cagada y vómito, con ojeras mayores a las de Belén Esteban, peores que la lumbre empeñada en morir por encender un porro, recitando, borrachas, un epitafio y otro, haciendo testamento sobre una mesa sucia, llorando las miserias en busca del dolor. Al borde de ser yonkis, reputísimas ninfas, concubinas de Safo, serpentina caló. Se duerme la ciudad, como vosotras mismas. Qué ordinariez. Me gusta recordar...

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