Protestas a la moda

No quiero que se lleven ustedes a engaño aunque, honestamente, tampoco me parece demasiado probable que aquellos a quienes conozco lo hagan. Pero debo reconocer, sin excesivo recato por mi parte, que eso de llevar la contraria es algo que se me ha dado desde siempre extremadamente bien; ítem más, es uno de mis pasatiempos favoritos.

Opinión | 18 de junio de 2011
Domingo C. Ayala

Se han erigido en los últimos tiempos, por encima y con distancia abismal por encima de cualesquiera otros, dos grandes temas de opinión: de un lado las concentraciones por una democracia real ya y por favor urgentísima, de otro los resultados de las elecciones falsamente democráticas que critican los protagonistas del anteriormente citado ?tema?. Sé que muchos me criticarán, pero es que no puedo (estando muy de acuerdo en algunos temas reivindicados por los tomadores de las calles, y aun más a su izquierda en otros) asistir impasible a la oleada de fariseísmo y adscripción advenediza que acompañó a los movimientos falsamente espontáneos de tomar la plaza, tan naturales como las revueltas islamistas y al mismo tiempo tan artificiosos como los niños del programa de Juan Y Medio. Curiosamente, cuando había que estar a favor (antes del 22-M) todo el mundo estaba a favor; cuando había que estar en contra (después de las elecciones, excusa de la celebración de Champions incluida, con tantos palos como enseñó la tele y alguno menos) la mayoría estaba en contra de los piojosos que estaban ocupando el espacio público de nuestras ciudades. Me permitiría hacerle a muchos el reproche de que tres días protestando (y esto me recuerda invariablemente el orquestado No a la Guerra de 2003) no le hacen a uno contestatario. Y es que parafraseando al gran Manuel Vázquez Montalbán, ?contra Aznar vivíamos mejor?.

La manifestación de cierta disconformidad con respecto al sistema, o la abierta contrariedad hacia el mismo, es un ejercicio de responsabilidad democrática. Pero este ejercicio, cargado de todas las connotaciones delictivas que la derecha anquilosada quiera otorgarle (a beneficio de los supuestamente damnificados, ni qué decir tiene) debe ser asumido desde el principio de corresponsabilidad individual, y no de prosleitismo pasajero, que es lo que mejor se da un país que se calló por entero cual vulgar puta (con excusa del gremio aludido) cuando le subían irrazonablemente el Euríbor; cuando las cifras del paro pasaron los cuatro millones y no se sacó la lengua del culo hasta que casi llegaron a los cinco; cuando los bancos, verdaderos chulos en este prostíbulo financiero, juez y parte que nos mete en la mierda y recoge los beneficios, era auxiliado con dinero público (i.e. de todos aquellos a los que previamente se lo había quitado) para tapar sus pérdidas, las cuales no existían en realidad porque luego se repartieron millonarias cantidades de beneficio entre los grandes directivos ?para potenciar el rendimiento? (Emilio Botín dixit); que alabaron como agua de mayo el recorte del 5% al sueldo de los funcionarios porque bastante bien viven? En definitiva, que somos borregos y si se pone de moda protestar, protestamos. Pero hace ya un año (o más) que la calle debería estar tomada. Pero a lo Robespierre, hombre, a lo Robespierre.

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