Spanish revolution

Spanish revolution

La pérdida del miedo es el embrión de la fuerza, y ahora, en estos momentos y durante los tres próximos días, el temor será el único capital de los partidos políticos. España ha tomado las calles. Lo hace tarde -en mi modesta opinión- pero no demasiado. Quizá sea el momento justo, el más amargo y crítico, ante un baile de máscaras que toca a su fin. Se acabó lo que se daba.

Opinión | 20 de mayo de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Hemos ido por la vida vestidos de gala, a punto de asistir a cualquier tipo de evento social, para continuar siendo los pringados de siempre pero con disfraz de lujo. Normalizamos el poder y la mentira. Creímos en una transición que no ha sido más que un lento transbordo hacia el mismo tren. Desviados. Creídos. Conformes con lo puesto y dando crédito al crédito.

Y aún así, nos engañan sin molestarse siquiera en lavar cerebros, pues crecieron tan conformes como torpes, y en consecuencia, supuesta.Mente inofensivos. Nos lanzaron todos los tiros, pero el último, sale por la culata para dar donde más duele: Elecciones. Generales.

"El último que reirá no es quien pensais. Llorad: Ese es el retraso que os deseo", escribió Jacques Rigaut. Ahora no van a pedir el voto en campañas de gloria: lo van a suplicar.

Pactarán con el diablo, inventarán mil excusas, elevarán la ofensa y crucificarán cadáveres ante esta batalla estéril de último recurso.

Mienten. Los acampados no son única.Mente jóvenes. Personas de todas las edades y condiciones, se encuentran en el centro neurálgico de sus ciudades destrozando los nervios a la cúpula poderosa, pero no mobiliario urbano. Es una manifestación larga y pacífica. Un acto de resistencia final ante lo insostenible. Que así sea. Hay mucho por hacer. Desde aquí, mi apoyo incondicional a la spanish revolution. Porque nunca es tarde, y ya era hora.

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