Al señor Rodríguez Braun

Sr. Rodríguez Braun: Me dirijo a ud públicamente, del mismo modo en que lo ha hecho como colunmnista en LARAZÓN.es, y respondo como directora del periódico digital www.tenemoslapalabra.com, con mi nombre y apellidos, Consuelo García del Cid Guerra. Con el fin de no crear malos entendidos, falsas interpretaciones o manipulaciones varias, reproduzco textualmente sus palabras:

Opinión | 19 de mayo de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

LARAZÓN.es
11 Abril 2011 - - Carlos Rodríguez Braun

?Hemos visto muchas noticias sobre el «robo de niños», con un mensaje claro: personas malvadas, en general monjas y curas católicos, se dedicaron a robar niños, un auténtico horror. Pero, un momento, señora: ¿usted se dejaría robar un hijo? Es imposible. Entonces, ¿cómo pudieron tantos niños ser robados? Respuesta: no hubo tales robos. Ninguna madre consiente que su hijo sea robado. Sospecho que ha sucedido otra cosa. Sospecho que se trataba de solteras embarazadas que entregaron a sus hijos a instituciones religiosas para que los dieran en adopción. No las condeno, al contrario, las aplaudo, porque hicieron algo importantísimo: permitieron que sus hijos vivieran. Este asunto crucial es inadvertido por los que se apresuran a condenar a las monjas que «lavaban el cerebro a aquellas chicas embarazadas». Supongamos que es verdad. Pero ¿para qué les lavaban el cerebro? Para que tuvieran ese hijo ilegítimo que entonces no podían o no querían tener. Ahora, décadas después, temo que se pretenda utilizar una herida psicológica para promover la agenda de la izquierda, echando las culpas sobre la Iglesia e ignorando hipócritamente qué sucedería con algunos o muchos de esos embarazos no deseados en nuestros tiempos, tan progresistas. ¿Qué pasaría hoy con esos niños? Venga, si es elemental, si ya lo dijo Bibiana Aído: no son seres humanos. Por lo tanto? pues eso. Es muy feo lo de los niños robados ¿no? Es mucho mejor? pues eso?.

Su error es tan inmenso que produce verdadero horror. Existe algo mucho peor que el silencio : La negación absoluta de unos hechos recientes y terriblemente ciertos.

?personas malvadas, en general monjas y curas católicos, se dedicaron a robar niños?.

 No lo hicieron sólos. Iglesia y Estado caminaban de la mano. Toda la trama de los niños robados partía del gobierno, concretamente del Patronato de Protección a la Mujer, institución presidida por la esposa del dictador, Francisco Franco. Ningún cura, monja o católico, podrían haberlo hecho por sí mismos y sin más. Les amparaban las leyes fascistas, seguían a pies juntillas y de rodillas la moral impuesta por la dictadura, que criminalizó a las madres solteras por el mero hecho de serlo. Sobre ellas se instalaba el pecado, elmáximo rechazo social, la vergüenza familiar y el calificativo de ?puta?.

 

?Pero, un momento, señora: ¿usted se dejaría robar un hijo? Es imposible?.

 

Ninguna menor atrapada en el Patronato de Protección a la Mujer tenía derecho alguno, y tampoco las mujeres pobres o de escasos recursos. Se las llevaban esposadas como delincuentes a correccionales encubiertos con forma de conventos de monjas u órdenes seculares. Allí vivían su embarazo trabajando como esclavas : Uno de los ?trabajos? del centro de Peñagrande (Antigua Maternidad de la Almudena) consistía en cargar sacas de correos en un camión, por ejemplo, fuera el que fuera su avanzado estado de gestación. Desde el primer momento eran presionadas para dar sus hijos a la adopción, aprovechando incluso los mejores momentos a las que se negaban : Con dolores de parto, las monjas se colocaban a la cabecera de la cama intentando convencerlas hasta el último instante, puesto que si no había sido suficiente durante nueve meses tratándolas como a golfas, perdidas y desgraciadas, remataban la faena mientras parían como animales jugándose la vida. Algunos de los niños, simplemente desaparecían, otros fueron robados en distintas clínicas, diciéndole a la madre que el bebé había nacido muerto.

Sí, Sr Rodríguez Braun: Fue posible. En nombre del estado y de la iglesia, bajo su gran confusión entre el bien y el mal, concepto universal que no cambia, excepto por cuestiones y-o razones políticas ?como es el caso- y del mismo modo en que se celebraban misas tras cada pena de muerte.

Me temo que es usted quien pretende hinchar la agenda de su derecha, negando unos hechos de los que nuestro país debe avergonzarse, puesto que se atentó contra los más elementales derechos humanos.

?¿para qué les lavaban el cerebro? Para que tuvieran ese hijo ilegítimo que entonces no podían o no querían tener?

Les lavaban el cerebro para que estamparan una firma de la que ?según decían- si se echaban atrás, irían a la cárcel. Les presentaban un panorama de tal abandono, rechazo social y desamparo, que algunas menores firmaban.

Menores de quince, dieciseis, diecisiete?niñas que, encerradas en conventos dickensianos, vivían aterrorizadas, sin salir a la calle y trabajando como bestias. Eran las famosas arrepentidas y-o recogidas, consideradas en exclusión social, según las consignas franquistas.

odríguez Braun : Deja que esos niños, ya adultos, se acerquen a ti. Deja que te cuenten y pregunten dónde están sus madres biológicas. Permite que ellas se expresen para que te enteres de lo que les hicieron y realmente sucedió. Pero no niegues con semejante desfachatez una de las muchas barbaridades cometidas por el régimen franquista que, al fin, sale a la luz. No abras tú otras heridas psicológicas en nombre de dios alguno y su absurda defensa. Sólo te ha faltado, ya puestos, negar el holocausto.

 

 

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