La calle es nuestra

Posible.Mente la pre.tensión no sea otra que la muerte del pueblo. Nuestra extensa y desatendida piel de toro desdibuja sus formas, se arruga y gesticula, tanto como los rostros del peatón, el hombre de a pié, la gente de la calle. Tu vecino y el mío, los amigos, el resto.

Opinión | 16 de mayo de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Hijos que no educamos para una revolución inmediata, creyendo -craso error- que la hicimos nosotros. Pero no fue suficiente. Dejamos demasiado en el tintero para llenar la olla de sabores nuevos, espumas desconocidas, marcas que no han marcado, tendencias sin afecto pero de gran efecto. Y todo carísimo, con ese quiero y no puedo indefinido que nos atrapó en el tiempo, con posibles -incluso- cuando era verdadera.Mente imposible.

El triunfo de la banca es el fin de la clase media para volver atrás con la indecencia típica de tantos reyes Midas sin medidas que consienten la puñalada, al tiempo que acuden de inmediato con gasa y sutura para que nos sintamos atendidos. Son como las viejas damas de aquella caridad roñosa y añeja, que continúan dando lo que les sobra: Su ropa vieja, los céntimos de euro y una barra de pan.

La ira se desata contra el presente gobierno como supuesto culpable apocalíptico del todo por la nada: Ni son todos los que están, ni todos los que son, y aunque presenten sus respetos o fe de erratas, no hay tiempo que perder para cambiar de collar a otros animales de compañía: tan callejeros, pobres y perdidos como la gran jauría humana que han abandonado a su suerte. La que -al fin- aquí y ahora se manifiesta a grito pelado, con la moral baja, sin trabajo y sin casa.

Sin embargo, y aún con todo lo materia confiscado, el catastrófico fallo del sistema no matará al pueblo, aunque nos conviertan en un inmenso ejército de vagabundos. España es una gran mentira oficial, y su historia, a partir de ahora, depende de nosotros.

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