Nos queda la palabra

Entro a caballo y en elefante en todas las cacharrerías. Me asusta, me indigna, me aturde y enfurece. Se trata de un ?pequeño canal?, así lo definen los grandes. Manipulador, brutal, fascista. Se presenta despacito y avanza a zancadas. Su presencia es inquietante. Manipulador donde los haya, creciente como aquella España cantada que empezaba a amanecer con sus banderas victoriosas. Retrocedido, tropezado e insistente. Es una sombra capacitada que aguarda tras la banda mejor organizada del siglo. Sindicados en el crimen que toma por causa la interrupción del embarazo, comparándolo con Hitler, sin ir mas lejos, porque están cerca, muy cerca, acechando las mentes de los jóvenes confundidos, de los adultos sabidos y resabiados con boca sagrada de hábil orador, ciencia y conciencia, modos y formas, estilo y deje clasista en pos de la conservación de la especie disfrazada de clan familiar, habito conservador y lo que es mas peligroso : La libertad.

Editorial | 28 de diciembre de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Esa tertulia de la última cena, esos mensajes fríos en pos de dictaduras pasadas, vuelta de tuerca, acusándonos a todos : Asesinos, degenerados, desarraigados, facinerosos, habitantes de tercera que a la fuerza ahorcan si hacemos uso de las leyes que nos acogen y protegen por vigentes. Hay que ignorarlos, seguramente si. Pero desde el silencio les dejamos pasar como si nada, y lo suyo no es la nada, es el regreso a partir de una gran pobreza económica y de espíritu, agitados como nunca en probetas de laboratorio donde todo es posible. No necesito cerrar los ojos para contemplar, atónita, mantillas y peinetas, collares de perlas y visones que me provocan visiones semejantes al espejismo del terror. Un ataque de pánico irremediable, gastada por la usura de unos años en los que se torturaba legalmente por la moral y por la patria. Parias remodelados que insisten en presentarse pública y socialmente. Demoníacos endemoniados , averno, Lucifer, Satanás y todos los diablos con sus pompas y sus obras. Aquí están, estos son.

Sígueme, sígueme. Señalan con el dedo y hablan a muy pocos centímetros del nervio sensitivo. Hábiles como la publicidad, consumidores de infiernos, malditos por siempre jamás. Cuidado. Alerta. Antes del sálvese quien pueda cabe la posibilidad de plantarles cara, por caro que resulte ese peaje, por edad que nos asista, por cansados que se encuentren nuestros huesos hay que echarle un par de huevos. Iglesia. Católica. Estado. Una persecución lenta se adivina metódica, indigna de estudio, abierta a la memoria.

?Para que triunfe el mal, solo es necesario que los buenos no hagan nada?

(Edmund Burke)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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