Los indignados de Pablo, pero sin Pablo

Los indignados de Pablo, pero sin Pablo

Los indignados que estábamos con él, continuamos indignados, pero sin Pablo. Vetar la comisión de investigación sobre las niñas tuteladas prostituidas ha retratado de plano la postura más cruenta. ¿A quiénes están protegiendo?

Editorial | 27 de febrero de 2020
Consuelo G. del Cid Guerra

Además de dar pasto perenne a la derecha rancia, que aprovecha el error para soltar su estiércol, la sinrazón se mantiene como si nada mientras la vida sigue. Unos, de acuerdo con otros, los pactos más disparatados, acuerdos varios que parten de un interés descarado: pero aquí, todo vale.

A estas alturas, lo de menos es el chalet con piscina. Ese es el discurso fácil de la contra, que adornará cualquier escenario al tiempo que aglutina su legión exaltada de españolitos lerdos. No regresa lo que nunca se fue, estuvo siempre presente, atado a las mismas cuerdas que ahorcaron a otros, retorciendo tantos garrotes viles. La pena de muerte pasada es la pena de esta muerte en vida de una izquierda que no existe. Se la han cargado entre tanta postura adversa, han pasado de largo ante algo tan grave como los derechos fundamentales de unas niñas tuteladas por el Estado que han vendido su cuerpo a cambio de unos zapatos, más abandonadas que nunca en su propio país, arrancadas de los brazos de sus madres con argumentos más que discutibles.

Ahora, los indignados son otros. Y Pablo, no está con ellos. Daría lo que no está escrito por contemplar su rostro ante una posible sublevación. Lejos de aquellas plazas hirientes que manejaron una revolución efímera. Quién nos lo iba a decir, colega... cómo ha cambiado el cuento.
 

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