Estado de Sitio

Estado de Sitio

Una monja y un cura se besan apasionadamente en la escalera del metro. Paso de largo y ando con cuidado para no chocar con dos osos que vienen a mi encuentro. Entro al vagón del tren y me siento junto a un vaquero que exhibe con orgullo sus pistolas y un lazo. Mi Ciudad de los Locos está en estado de sitio, entiéndase carnaval. Queda prohibido asombrase de nada. Aquí todo es posible.

Cultura | 05 de marzo de 2009
Lalo de la Vega

Como cada jueves del carnaval, a las 11:11de la mañana, comenzó en la plaza vieja del mercado (Alte Mark) la Weiberfastnacht que traducido al español es algo así como la Noche de Fiesta de las Mujeres o Ladies Night en inglés. No obstante, desde horas tempranas de la mañana ya las féminas rastrillaban toda Colonia con disfraces estrafalarios. En esta jornada el llamado sexo débil, que realidad es el que gobierna, se "emancipa" para festejar a plenitud y hacer sus travesuras. Señoritas y señoras disfrazadas se van solas a divertirse y dejan a sus maridos, novios y amigos en casa. Pero sucede que los hombres se aburren solos y salen también, por lo que al final terminan encontrándose todos en la taberna de la esquina.

En mi trabajo las pocas colegas que fueron, vamos a decir que a trabajar, se dedicaron a oír música, hacer chistes y practicar el entretenido deporte de cortarles las corbatas a los hombres. Esto le ha costado más de un exclusivo lazo de seda a los gerentes norteamericanos de la empresa que, por prensar en dimensiones globales, desconocen la tradición local. En la cafetería, donde el personal es femenino, como punto cumbre de la decoración carnavalesca colgaron todas las corbatas cortadas a los infelices que fueron "castrados" ese día. Luego a la hora del almuerzo el espectáculo se repetía, solo que la decoración era aun más suculenta y la música de carnaval estaba a todo volumen. Las cajeras andaban vestidas de payasos, diablas y hasta de mecánicos.

Lo más interesante fue ver a la secretaria de mi jefe de proyecto, célebre por su carácter de sepulturera, organizando el próximo consejo ejecutivo vestida con una corona de flores y una saya "sexy" al estilo de Hawaii. Mi colega más cercana fue de india apache, pero yo no quise disfrazarme ese día. Tenía una reunión muy importante con mi jefe de proyecto. Por eso fui impecable, bien vestido y me preparé como un colegial para la prueba final del semestre. Acudí a tiempo a la cita con toda la documentación requerida. El jefe también vino muy puntual? vestido de mujer.

Ese día las tiendas, las empresas y las oficinas de Colonia cierran al mediodía. Al regresar a mi casa en el metro, el centro de la urbe ya estaba en poder de un ejército de personajes indescifrables. Payasos y bailarinas, brujas y hadas, indios y cowboys, policías y presos, diablos y ángeles, monjas y curas, marineros y sirenas, médicos y enfermeras, astronautas y soldados inundaban las calles. Había de todo. Me llamó la atención una bruja en una silla de ruedas y a alguien (todavía estoy averiguando si era hombre o mujer) con traje de Internet. No obstante, el premio de la originalidad se lo doy a un travesti que años atrás salió a la calle disfrazado de Mónica Levinski. En medio de ese tumulto me abordó una ancianita con un sombrero de un metro de diámetro y un traje de colores estridentes. Yo esperaba que preguntara una dirección o quería que la ayudara a cruzar la calle, pero ella me disparó a boca de jarro:- Venga acá joven, ¿No le da pena ir por la calle sin disfraz?Me sentí como si estuviera desnudo, avergonzado de ser el único ser ?normal? por todo aquello.

Si vives en el centro de Colonia y es tiempo de Carnaval, tienes dos alternativas: O sales a parrandear de buen humor, o te quedas en casa de mal humor porque de todas formas la algarabía no te va a dejar dormir. Por eso escogí la versión más optimista y me fui con amigos de gira por la ciudad ¡Los bares y tabernas estaban mas repletos que los trenes de la India en hora pico! La única diferencia era que el va-y-ven no provenía de frenazos y acelerones, sino de los intentos de baile que hacía la masa compacta de fiesteros.

Como tenia que madrugar para trabajar al otro día, me acosté a las 12 de la noche. No obstante los carnavaleros siguieron festejando entre ríos de cerveza, al compás de las Lieder, canciones de carnaval, hasta bien entrada la madrugada. Para entonces yo ya era un cadáver. Caí en la cama como una piedra y no supe más de mí hasta que sonó el despertador.

El viernes me levanté sonámbulo. Salí a rastras rumbo a mi oficina y vi desde lejos al grupo de muchachas que reparten los periódicos gratuitos todas las mañanas en la estación del metro. ?Las pobres -pensé- tener que levantarse tan temprano hoy a trabajar?. Las muchachas pasaron por mi lado, me entregaron los diarios... y siguieron sin rumbo fijo cantando y bailando canciones de Carnaval. Esta es Colonia, no nos asombréis de nada.

continuará...

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