Exudado

Alma de mis días, motivo de mi Ser encanto del destino imposible de lograr.Escribo tantas veces como sea necesario la palabra Amor, también Imposible: el desgarro de mi corazón me dicta la crueldad de saber de tu ausencia.

Cultura | 02 de agosto de 2009
Jose David Apel

Aguardo ansioso, espero la llegada de las palabras salvadoras; de tus manos, de tu cuerpo, de tu vientre, de tu sexo.Necesidad, deseo fulgurante, abrazador, incendiario, que se interna en lo profundo y reproduce en mis pensamientos la palabra del olvido.Sentido, necesitaría usar la cognición, aunque el amor prevalece de manera inalienable sobre la Razón. Voy comprendiendo a paso lento el amor, siento la plenitud inconmensurable del alma, encuentro en tu ausencia la presencia Divina.Descubro en tus vibraciones el vaivén endemoniadamente teísta que producen nuestros cuerpos concretando la danza ancestral. Demorado ?desciendo? hacia el monte Sinaí y recibo la rectitud de tus deseos, encuentro el tan anhelado cáliz, lo pruebo sin vacilar me inmerso en el néctar que emana tu entrepierna.Escucho la voz que proviene de alguna parte, de tus labios celestiales, y me dejo llevar por la cavidad ardua de la conquista.Entre pausas descubro la matriz, el alimento del vientre, me detengo, me inmiscuyo en movimientos ancestrales.Recorro el terreno suave, su aroma desprende azahares y mieles, ¡es mi tierra prometida!, el lugar donde elegí morir, para reencarnarme en un ser de luz.Arribo al punto de mayor latitud de tu cuerpo, y mi inmensidad planea por sobre un mar de sabiduría.Éxtasis, infinitándome.A lo lejos se escuchan tres tambores, marcan la cadencia del ritmo, me dejo llevar al son de la música me interno en lo desconocido.Lentamente me visita la muerte comienzo a sentir la luminosidad de un sólo instanteluz, sombra, oscuridad, reflejo que me salva,voy llegando al umbral de mi vida. Internándome en la muerte de tu cuerpo vivo.
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