Temporal

Llueve; las instancias tropicales me devuelven a la visión del escritor, mi mirada se pierde entre la nebulosa y el relámpago que desentierra a la memoria y recuerdo aquella historia que me relató un hombre viejo, bajo y barbudo, en una de mis excursiones a la ciudad del Cairo, en el país del antiguo imperio egipcio.

Cultura | 23 de julio de 2009
Jose David Apel

Fue una mañana de 1996, arribé a la plataforma de aterrizaje y despegue del aeropuerto de la ciudad capitalina del país africano. Realice la ceremonia habitual de cada pasajero que llega a un aeropuerto: localicé la sala donde se encontraba la cinta sin fin que transportaba los equipajes, tome el mío, y me dirigí hacia la puerta de arribos, allí me revisaron con sus detectores de metales, unos corpulentos guardias vestidos con grandes gabanes color negro y una gorra que hacia juego con su vestimenta, bozal antipestes para detener toda plaga (tal entonces-hoy); me dieron permiso para que me dirigiese al exterior del salón de chequeos, tomé mi valija color naranja de pequeñas dimensiones y seguí mi camino. A la salida se encontraba una gran multitud vitoreando (yo no entendía en absoluto que sucedía). Esperaban la llegada de un equipo de cricket que había sido acreedor del primer puesto en un torneo del deporte de origen desconocido realizado en la ciudad de Abisinia (Etiopia). No le di demasiada importancia, me coloqué mis gafas color negras y me dirigí a la puerta de salida en búsqueda de un taxi que me llevase a mi destino final, el hotel que me esperaba para regalarme una buena noche de sueño reparador que calmase mis ansias desmesuradas de descubrimiento. Ya en la calle que recorría todo el frente del majestuoso aeropuerto, se encontraban una cantidad considerable de taximetristas, los cuales estaban al acecho de los improvisados e inexperimentados viajantes que, de todas partes del mundo, llegaban al país egipcio. Algunos por placer, otros solo por curiosidad, la mayoría eran trotamundos que tenían en mente poder transitar la ruta que llevó a cabo Moisés y el pueblo judío en la odisea realizada durante cuarenta años por el desierto. Los tours que se ofrecían a las osadas almas exploradoras eran tentadores, pero un tanto arriesgados. Las agencias otorgaban la posibilidad de realizar una caminata desde las pirámides de Giza; la excursión arrancaba los primeros días del mes de marzo, precisamente el 21 de ese mes, con el comienzo de la era de Aries. El trajín era sacrificado; citare una empresa en particular que fue a la que me dirigí con el afán de interiorizarme en que consistía la expedición bíblica, por provisiones ofrecían copos de algodón azucarado colocados estratégicamente en la cima de las palmeras que circundaban el trayecto a recorrer. Los peregrinos debían treparse a los árboles en búsqueda del preciado maná que a diferencia de su caída copiosa y precipitada del cielo, estarían amarrados estratégicamente en las frondosas hojas de las palmas, ese sería su alimento durante los treinta días que duraría la extensa peregrinación.Yendo directamente al recorrido, se les ofrecía a los grupos de caminantes la posibilidad de optar por realizar el trayecto, con persecución o sin. Por supuesto que la elección de tener una compañía enemiga que pisase los talones de los que representaban al pueblo hebreo encarecía considerablemente la tarifa a abonar. Se había convertido la vivencia en un mugriento comercio, como lo son todas las religiones, hartazgo en mí la realidad del mundo en este presente pesado y en el sucesivo promesa de los próximos siglos. Por momentos me pongo a pensar y me pregunto: ?¿hará falta hacer el esfuerzo descomunal por intentar abrir las mentes de las personas mediante la literatura? ¿Tendrá su recompensa post mortem haber realizado una obra de bien que quede como recuerdo para las generaciones venideras? ¿O acaso este afán de conquistar mi propia conciencia es producto del delirio que tienen todos los que crean arte dentro de la raza humana??...Cuando estoy lo suficientemente lúcido como para responderme estas preguntas me doy cuenta de que todo lo que hago, vale para algo, que de alguna u otra forma hay que poner en marcha el motor para liberar las mentes con: ?mensaje de conciencia?. Yo intento exponer, fuera de cualquier prejuicio, una realidad, la realidad que me enseñó la voz interior que tengo (Dios) y que me llama a menudo y me dice: ?Las religiones solo sirvieron durante el transcurso de la humanidad para dividir a los pueblos, para hacerlos seres aferrados a una ?ley e imagen Divina?, terrible, extremista y vengativa?; y justamente estas leyes creadas por HOMBRES, y no por DIOSES, son confeccionadas a gusto y placer del royo mesiánico y profético que hubiese tenido quien las creó; inmersos en sustancias alucinógenas que distorsionaban la realidad en la que se encontraban y sólo actuaban en la mente de esos escribas, de forma que con la palabra creyeran que eran enviados de Dios, ¡pero no lo eran! ¡Mierda!, hay que tener en cuenta que los enviados de Dios sólo son aquellos que están escritos en los libros, los libros son los ?seres? mesiánicos, las palabras son los ?seres? mesiánicos, hay que entender que quien haya escrito el escape del pueblo hebreo de las garras del faraón, de la mano de Moisés, fue él, ese hombre, ese escriba, ese erudito, quien dejo plasmado en un manuscrito la ?palabra mesiánica?. Palabras, palabras, y más palabras, sólo palabras, la palabra es quien crea conciencia, no los hombres, los hombres son hombres y tienen demasiados errores como para ser Mesías, el Mesías no existe, sólo existen los pensamientos de los hombres de palabras ?mesiánicas?. Estoy plenamente convencido que el imperio egipcio cayó por su propio peso, como caerán los imperios en la actualidad y como cayeron en la antigüedad los imperios turco, romano, bizantino etc. No pueden sostener el halo de corrupción y desigualdad que hacen imperantes en toda la región que dominan (bueno, en la actualidad convengamos que quienes dominan lo hacen a nivel global, la globalización y la dominación van juntas de la mano, ambas trabajan para crear en los pueblos una estandarización de pensamiento que los hagan maleables y dominables ante las flagelaciones y los abusos que propinan el G-8 y las organizaciones internacionales: FMI, OTAN, OMS, ¡ufff...!, ¡que monstruos! ¿No?). Y los que no son imperios, encasillemos allí a los países que se encuentran encastrados en el grupo de los ?sub-desarrollados? y ?del tercer culo del mundo?, están dominados por una manga de hijos de mil putas, políticos cocainómanos, adictos al poder, desgraciados y desalmados, ellos sí que vendieron su alma al diablo, ¡que Fausto ni que mierda!, los clásicos de la literatura no le llegan a los talones de los corruptos e ineptos gobernantes de los países del ?tercer culo del mundo?. Bandidos, saqueadores, sinvergüenzas, saltimbanquis? si tan sólo pudieran descubrir su luz interior, qué felices que serían y que satisfechos que estaríamos los pobres pobladores de los países bajo el acechante nivel de pobreza, pero parece que ellos juegan al juego de ?el ultimo que apague la luz? y se fueron todos, sólo dejaron la luz para quienes la buscaron con mucho esfuerzo y lograron encontrarla. Porque después, lo que refiere a la clase media y media baja de los latinoamericanos, no hay retorno. Con su arma silenciosa de destrucción masiva, de control demográfico y de exterminio de las generaciones incultas, como lo es la ?pasta base de cocaína?, están logrando el objetivo de los poderosos que comandan el mundo occidental, estandarizar los pobladores. Quienes se alinean al pensamiento fascista y perverso de quienes comandan a su gusto y placer la idea de un ?NUEVO ORDEN MUNDIAL? van bien; adelante, no se detengan, sigan con el circo que plantean los poderosos que solo buscan terror y muerte en la población. Quienes no se alinean a la doctrina neo liberal: ¡que mueran!, y de la peor forma si es posible. Que se vayan desintegrando lentamente, que el extracto de cocaína les carcoma el cerebro, luego sus miembros superiores y los nervios faciales, más tarde que bajen al pecho y se internen en las entrañas, que penetren hasta lo más profundo de las arterias del corazón y que lo hagan entristecer, que siga descendiendo el fagocitante frenesí destructivo al sistema digestivo y que no les permita comer, luego coger ¿y las piernas?, ¿para qué las quieren?, de qué les sirve caminar, si de todas formas ellos no van a poder escapar de las garras del faraón y llegar a la tierra prometida como lo hizo el pueblo judío bajo el mando del gran personaje Moisés, el Mesías, el que hizo caer un imperio? Sigue lloviendo, el arca de Noé no vino para salvarnos, pero dicen que siempre que llovió paró. ¿Será?
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