Perdedores en Eurovisión

Perdedores en Eurovisión

España, representada por Soraya, ha perdido (per-di-do) en el festival de ?-visión. No puede considerarse una penúltima posición favorecida por los 12 lameculísticos points-puants que Andorra le ha dado por la cara o simple mal gusto. Ha quedado última de facto. Pero no debemos pensar que ha sido solo "poyeya".

Cultura | 17 de mayo de 2009
Pere Borràs

La guapísima extremeña, fuera de la insuficiente profesionalidad volcada, no debe ser considerada única responsable de tan vergonzosa como merecida posición. Por mucho que las disquisiciones alrededor de sus bragas el día del festival puedan ser objeto de reproche, éstas no habrán llegado a oidos de votantes y jurados extranjeros, por lo que tampoco podemos considerarlas causantes de la vergüenza. Son, sin embargo, indicadoras de la actitud que ha llevado a éste país a convertirse en el hazmerreir indiscutible del viejo continente. Tan acostumbrados como estamos a llenarnos de mierda por parte de los medios, viendo como inútiles semifamosos de tres al cuarto se llenan los bolsillos con exclusivas que tratan de asuntos sexuales tan propios como ajenos, nos creímos, en nuestra estulta imbecilidad, que las cosas, en general, se hacen así.

Pues no.

Dos bailarines medio guapos haciendo el gilipollas alrededor de una pija vestida con un traje de patinadora no tienen nada, NADA, que hacer (como ha quedado sobradísimamente demostrado) frente a los mejores bailarines de un país pequeñito y un chaval que a su juvenil belleza suma talento. No del de una falsa academia de triunfos prefabricados, no. Talento del de verdad. Talento del que puede llevar (y ha llevado) a un país renacuajo como Noruega a tener que preocuparse de la organización del próximo festival de la música de Europa.

Y cuidado, que no lo van a tener fácil. Éste año, con asombro, hemos asistido a un certámen de calidad. Nada que ver con aquello a que nos tenían acostrumbrados las últimas décadas.

Rusia ha hecho éste año con el festival de Eurovisión lo que antaño, en 1992, hiciera Barcelona con las Olimpiadas; marcar un punto de inflexión tomando la calidad como eje. Y buena falta le hacía a un festival que había perdido en credibilidad más de lo que podía permitirse semejante baremo sociopolítico disfrazado de fiesta.

Y la dignidad que Rusia le ha devuelto a Eurovisión aportando calidad y profesionalidad en la organización, es la que España debería recuperar (si le queda algo de autoestima) con esfuerzo y trabajo, en vez de buscar excusas baratas de mal perdedor como han hecho los contertulianos del debate posterior ante una (seguro) sorprendida Alaska que no debía dar crédito a afirmaciones tan desvergonzadamente falsas como que lo habíamos hecho bien. Un poco de dignidad, por favor. Tales afirmaciones son como gritar "nosotros tenemos razón y el resto de Europa está equivocada". Típical Spanish, porque Spain is different, como dijo Fraga. Solo que cuando Fraga nos regaló esas inmortales palabras, Massiel ganó el festival, que no es algo que puedan decir los enteradillos del parchís que afirman ver calidad en el truño que hemos presentado éste año. Si es cierto que ven calidad cómprense un oftalmólogo, anda.

¿Como no van a querer más de una y más de dos comunidades con verdadero espíritu de avanzar emanciparse de tan panderetera y chapucera España? ¿Cómo no? Hemos perdido por hacerlo mal. No valen excusas. Y llorar es cosa de niños malcriados. Lo que hay que hacer es aprender la lección, hacerlo bien y dejarse de monsergas.

Y si no, irse acostumbrando a ser eso, perdedores.

Nota aparte: Reprochabilísima la actitud de las fuerzas del orden moscovitas frente a la manifestación por los derechos de los homosexuales. Han deslucido una fantástica organización y profesionalidad por parte de los organizadores del festival (de gran carga GAY, dicho sea de paso). Una verdadera lástima.

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