Elogio del proxeneta

Cuando no existían los teléfonos móviles e Internet no estaba ni en la imaginación más osada, las cartas eran la forma más directa y hermosa de comunicarse. A finales de los setenta recibí la primera carta de Luis Miguel Rabanal. La prensa marginal de entonces unía a los soñadores, artistas y jóvenes que necesitábamos expresarnos. Había leído el primer libro de Luis Miguel, cuya poesía me atrapó desde el principio. Vivía y trabajaba en León, pero tras la operación se quedó en Riello. Tenía una hermana que residía en Barcelona.

Cultura | 25 de marzo de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Treinta y tantos años de amistad dan para mucho. Nos conocimos físicamente por primera vez en un hospital. Luis Miguel me citó en la habitación de la clínica donde iba a ser operado al día siguiente. Llevaba un pijama azul, idéntico al color de sus ojos, y como el título de aquel hermoso libro suyo ?Obdulia Azul?. Estaba tranquilo. Era verano, hacía un calor sofocante y el aire acondicionado no funcionaba. La operación era seria. Muy seria. Tan seria como la amistad que se gestó aquel mismo año, que ha permanecido a lo largo de tres décadas, y que, indudablemente, queda para los restos.

Cuando me iba enviando los textos del ?Elogio del Proxeneta?, se me encendía el corazón. ?Es de premio?, le dije. ?Es tu obra maestra?. Para mí lo es. Guardo en una carpeta azul todas las cartas que nos escribimos durante años y años. La degeneración de su puño y de su letra plasma paso a paso su degeneración física y su alzamiento moral como persona, amigo, poeta y escritor. Es grande. Se define como ?poeta rojo, digo bárbaro?.

Se presenta a sí mismo sin pudor y como lo que siempre ha sido, un hombre de honor:

 

HACIA UNA BIOGRAFÍA CASI DEFINITIVA DE ESTE HOMBRE

Luis Miguel Rabanal nació el 20 de marzo de 1957 en Riello (León). Durante la mayor parte de la década de los 60 lideró, junto a Isidro San Juan G., la banda de malhechores 'Los petardos', sembrando el oprobio y la iniquidad por muchos sitios y haciendo la vida imposible a los felices transeúntes del triste Camino del Ariego. Aquellas y otras historias fueron llevadas con posterioridad a la pantalla de la serie televisiva Jiménez y el burro, El curro de Jiménez, o algo parecido. Cursó estudios de Liturgia y Onanismo en diversos centros especializados a los que, por desgracia, no pudo prender fuego en su momento. Más adelante se licenció en lenguas y demás partes pubendas, fue también futbolista y gran degustador de Smirnoff. Actualmente reside en el Principado de Mónaco, perdón, en el de Asturias y añora una barbaridad Omaña. Tiene dos hijos o uno, según; el mayor, de nombre impronunciable, L u i s m i g u e l, saltimbanqui, violinista y pendenciero; el más pequeño, Memé, quiere ser cuando crezca cocinero y vecino; en fin, ambos son muy buenos chicos y adoran a MJ., que es su madre. Lo mismo que el autor. Desde finales de 1997, debido a la tetraplejia producida por un derrumbe doméstico, es usuario de una bonita silla de ruedas. Así y todo, y con dolores, continúa escribiendo, (si hasta el célebre programa de voz con que está dictando texto se pregunta cómo lo consigue). Se conoce que hace poco que dejó de fumar y que es bastante cabezota...

 

Por tanto y con todo, deja que hable de tí. Luchador incombustible, útil como pocos, amigo incondicional, dueño de la literatura. Poeta fuerte desde la más grande de las penurias y debilidades, apostador nato, vividor serio. Sólo los elegidos pueden destilar tanta belleza desde una silla de ruedas, redondas como nuestro pequeño mundo, limitando en espacio físico pero jamás la grandeza del alma. Celebro con el descaro de los fuegos artificiales la publicación de tu ?Elogio del Proxeneta?, porque mereces estos y muchos más elogios. Gracias por seguir viviendo. Gracias por seguir escribiendo. Gracias por este libro.

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