Rosalinda Fox

Rosalinda Fox

Una vida de libro digna de ser contada. Y ella la contó. Las memorias de Rosalinda Fox fueron publicadas en inglés por la editorial Harter & Associates, sin fecha y con un número de fax como única referencia. Bajo el título de The Grass the Asphalt (La Hierba y el Asfalto) . Sólo cien ejemplares de reproducción prohibida que quedaron en manos de cien personas. Un libro más en el que María Dueñas se inspiró para El tiempo entre costuras, la biografía de una mujer apasionante a la que coloca como personaje en su obra. Un rapto literario fácil, Rosalinda ya no puede decir esta boca es mía, puesto que falleció en 2005 ?algunos afirman que en 2004- en la localidad de Guadarranque, un pueblecito de Algeciras, donde murió a los 96 años. Rosalinda, reproducida en El tiempo entre costuras, narra su vida junto a Beigdeber, de 1936 hasta sus noventa años. Ella jamás se reconoció como espía, hecho que ningún verdadero espía profesional reconoce nunca.

Cultura | 30 de noviembre de 2013
Consuelo G. del Cid Guerra

De Rosalinda Fox ?su nombre completo era Rosalinda Powell Fox- se ha escrito poco, y ella misma tal vez menos. Resucita en el libro de otra, no precisamente de forma inconsútil, a una mujer excéntrica, aventurera y con misterio.

Vestía de Chanel y algunas modistas del lugar cosían para ella. Paseaba en un Rolls Royce por Andalucía, estaba muy bien relacionada con la sociedad de Sotogrande y era muy conocida en Gibraltar, aunque nunca llegó a vivir allí. Tuvo muchos amigos ingleses por donde iba.

Nació en la India. Hija de aristócratas ingleses, se crió en Calcuta. A los 16 años contrajo matrimonio con un empresario inglés también residente en Calcuta. Tuvieron un hijo, Johnyy, y Rosalinda, tras el parto,contrajo una tuberculosis bovina que arrastró hasta el final de su vida. El matrimonio se separó, recibiendo ella una pensión de treinta libras mensuales. Pasó temporadas en Suiza, hasta 1936,año en que conoce a Juan Luis Beigbeder en Berlín, entonces agregado militar, dos décadas mayor que ella, y se convierte en su amante, actuando como espía de la monarquía británica en Tánger, donde ambos se instalaron a través de Beigbeder, Alto Comisario de España en Marruecos que más tarde sería Ministro de Exteriores en el gobierno franquista. Con el nombramiento, Rosalinda se instala en Madrid en un ostentoso piso, ciudad de la que se vió obligada a huír al encabezar una lista negra de la Gestapo en España. Beigbeder es destituído en octubre de 1940 como ministro y le sustituye Serrano Suñer, cuñado del dictador. Asustado, envía a su amante a Estoril porque teme por su vida, mientras él es confinado bajo arresto domiciliario en Ronda, de donde no saldrá hasta finalizar la II Guerra Mundial. En Lisboa monta un garito llamado El Galgo por donde pasaba la alta sociedad portuguesa. Vivía en una mansión de 44 habitaciones donde alojaba a todo el que lo pudiera necesitar sin cobrarles un céntimo.

En los 50 le pide a Juan Luis comprar una casa junto al mar desde donde se pudiera contemplar Marruecos,y se instalaron en Guadarranque, el pueblo de Algeciras con vistas al Peñón de Gibraltar. Para entonces, Juan Luis era ya un hombre enfermo y derrotado junto al que Rosalinda estuvo hasta el final, puesto que Juan Luis fallecería poco tiempo después.

Johny, el hijo de Rosalinda, moriría también, y la gran superviviente de todas las historias, condenada a una enfermedad que acababa con la mayoría, resistió hasta los 96 años, sola, vendiendo la mayoría de sus propiedades en Guadarranque -no fueron pocas- y dejando como herederos a sus sobrinos.

Churchill dijo de ella que la guerra hubiera seguido un curso diferente de no ser por Rosalinda Fox.

Probablemente se trate de la mejor espía que amó. Tanto como para ser más que la razón de un recuerdo: Personaje real de otra historia en manos de una escritora española cuyas coincidencias con otros dos libros (Embassy y la inteligencia de Mambú y Entre Bahías) han dejado un sello inconfundible en sus dos únicas obras El tiempo entre costuras y Misisón Olvido. Tiempo al tiempo, porque ?queramos ó no- se acaba poniendo todo en su sitio. Lo único que me pregunto, a estas alturas, es si a Rosalinda Powell Fox le habría gustado aparecer en el libro de otra, que otra contara su vida junto a la de una modista, afirmando lo que ella siempre negó. Mejor lo dejamos para un tiempo inconsútil.

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