Lemmings

Lemmings

Cada año lo mismo. Ya tenemos a un neoyorquino tetrapléjico que siempre, siempre, nos tendrá en su recuerdo. Vaspaña y sus tradiciones, qué bonito.

Actualidad | 08 de julio de 2010
Pere Borràs

Cada año, o alguien la espicha, o alguien se queda estropeado, y jamás, jamás, jamás, se queda el regalito en una sola persona. Un goteo incesante de gente por nunca más dispuesta a recomendar el país de la piel de toro como destino que, año tras año, se incrementa.

Pero como somos unos completos subnormales, pues así seguimos. Porque emborracharse a lo bestia multitudinariamente y ponerse ciego de todo frente a unos morlacos asustados es, por lo visto, lo más.

¿Y quién va a venir al país de los tarados? ¡Pues más tarados! Desde el asesino infanticida de Hemingway, a este país no hemos dejado de acoger a la crème de la crème de los desquiciados mentales. De vez en cuando llega algún normal despistado que termina espantado frente a nuestras tradiciones y nuestra cultura (por llamarla algo), pero por lo general aquí se viene a hacer el bestia. A emborracharse y hacer el gilipollas.

Cada lugar tiene su cosa. Eso es así. A Holanda uno va a drogarse, a Cuba se va de putas y a Thailandia te diriges si lo que quieres es cepillarte a un menor. A España, se viene a hacer el bestia. A ver matar y a ver morir, pero entre risas, eso sí. Uno sabe que si quiere rodearse de borrachos sin cerebro dispuestos a jugarse el físico para hacer la gracieta y superar su complejo de inferioridad haciéndose el machito, tiene que venir a España. Si a todos los mozos les pusieras una peluca verde podrías confundirte con una partida de Lemmings. Ver a una colección de borrachos corriendo delante de bestias de media tonelada debe ser lo más para los raritos que visitan los sanfermines. Y alguno hasta se apunta. Esta vez uno de ellos volverá a casa estropeadito y en silla de ruedas forever. Haberse quedado en casa. O haberse ido a Holanda a fumar porritos, que es menos peligroso.


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