La crisis de ansiedad de Baltasar Garzón

La crisis de ansiedad de Baltasar Garzón

Baltasar Garzón ha sido dado de alta el mediodía del sábado 21 de Febrero tras ingresar el viernes de urgencia en la clínica Rúber de Madrid debido a una fuerte crisis de ansiedad que le ha obligado a permanecer durante 24 horas ingresado en la unidad coronaria.

Actualidad | 22 de febrero de 2009
Consuelo García del Cid Guerra

No es una broma. Las crisis de ansiedad se producen ante emociones fuertes que no son controlables. La sensación es horrible. Sientes que el corazón te late a mil por hora, piensas que es un infarto. Te ahogas. Empiezas a temblar y conscientemente compruebas cómo algunos de tus miembros no te pertenecen, saltan y se alteran. Te pierdes. Te asustas. Tienes miedo. Acostumbran a presentarse ante un suceso inesperado o por tensión acumulada. Es como una bomba en tu cuerpo que explota sin que sepas ni puedas cómo frenar. Palpas el límite y crees que es el final.

Últimamente, el juez Garzón ha sido objeto de polémica por haber participado en una cacería junto al Ministro de Justicia, coincidiendo, además, con el jefe de la policía judicial. España en alerta, tipo "Escopeta Nacional". ¿Pero tan mal vista está la caza en este país? Con Carlos de Inglaterra no se mete nadie cuando las organiza. No me gusta la caza, la verdad. Menos cuando se trata de gran acontecimiento organizado, me pasa lo mismo que con el golf, que no puedo, vamos. Pero de ahí a convertir un encuentro en lo que se ha montado, va un abismo. Me tiene sin cuidado lo que cazaron, dónde se alojaron y lo que comieron. Si hay algo más que decir al respecto, pues que quien lo sepa lo diga y punto pelota, pero basta de darle a la cacería de las narices como supuesto encuentro entre colegas para debatir lo que sólo ellos saben o no saben, o para nada más que sembrar mal rollo como si volviéramos a nuestras más rancios orígenes.

Hace algún tiempo, una conocida mía, ya muy mayor, coincidió con una jueza. La jueza, hija de su mejor amiga, hablaba distendidamente sobre los gajes de su oficio. Y la pobre señora, que como he dicho es mayor, sin pensarlo dos veces, interrumpió a la jueza, diciendo:

- Mira, hija, yo te entiendo, pero es mejor que no te metas en nada.

Ante las carcajadas de todos los presentes, resultó complicadísimo hacerle entender que es imposible que una jueza no se meta en nada.

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